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El Ferrocarril Transcontinental

Devocional adventista para adoslescentes 2022

Que en sus días florezca la justicia. […] Que domine el rey de mara mar.

Salmos 72: 7, 8, NVI

En este día de 1869, la mitad oriental de los Estados Unidos quedó finalmente conectada con la mitad occidental mediante un ferrocarril transcontinental. La línea ferroviaria había comenzado en Omaha, Nebraska, en el este, y en Sacramento, California, en el oeste, y se encontró en Promontory, Utah. Tras fracasar en su primer intento de clavar la espiga ceremonial de oro, el gobernador de California, Leland Stanford, volvió a levantar el pesado mazo y le dio un sólido golpe. Los espectadores lanzaron un gran grito. Por primera vez en la historia de los Estados Unidos, el este y el oeste estaban unidos: la realización de un sueño que había comenzado dos décadas antes.

A finales de la década de 1840, el Congreso de los Estados Unidos comenzó a estudiar la mejor manera de apoyar la construcción de una línea ferroviaria transcontinental. El descubrimiento de oro en California en 1848 hizo que la cuestión fuera aún más urgente: solo un ferrocarril transcontinental podría unir eficazmente esa lejana región con el resto del país. Sin embargo, los congresistas del norte y del sur no se ponían de acuerdo sobre dónde debía construirse la línea, y el proyecto se estancó durante más de una década. No fue sino hasta la Guerra Civil cuando se resolvieron finalmente la financiación y la ubicación.

La conexión de las dos vías en el norte de Utah marcó el inicio de una drástica transformación del Oeste. Un viaje de 5,000 kilómetros (3,000 millas) que antes llevaba meses, podía hacerse ahora en unos días. Y lo que es más importante: los abundantes recursos del Oeste podían enviarse de forma rápida y rentable a los insaciables mercados de la costa este, lo que impulso enormemente el desarrollo de la economía. Tal vez más que cualquier otro acontecimiento, la finalización de este ferrocarril permitió la conquista y el asentamiento del Oeste.

Hoy en día hay aproximadamente 240,000 kilómetros [150,000 millas] de vías férreas en los Estados Unidos para trenes de carga, y otras 130,000 [80,000 millas] para trenes de pasajeros. Ante el aumento del costo del combustible para la industria del transporte por carretera, así como para los automóviles privados, puede haber un renovado interés por los viajes en tren.

La historia del ferrocarril transcontinental es un ejemplo de la unión productiva que puede lograrse cuando las personas construyen pensando en los demás. Si quieres experimentar una unión productiva con Dios, pero sientes que está demasiado lejos, empieza a construir pensando en él. Tarde o temprano, él se encontrará contigo en el medio.

Bradley Booth ha enseñado en escuelas adventistas de los Estados Unidos, África, Rusia y Tailandia. Actualmente es el director de The Story Tellers Ministry, que ayuda a enseñar el arte de escribir historias antiguas que siguen siendo importantes hoy. La oración del Dr. Booth es que sus libros inspiren a los lectores a mantenerse de parte de Jesús tanto en los buenos como en los malos tiempos.