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Un corazón apasionado

Devocional adventista para la mujer 2022

Con este fin oramos siempre por ustedes, pidiendo a nuestro Dios que los haga dignos del llamamiento que les hizo, y que cumpla por su poder todos los buenos deseos de ustedes y los trabajos que realizan movidos por su fe.

2 Tesalonicenses 1: 11, DHH

Una de las ideas básicas del budismo es que el deseo es la raíz del sufrimiento. Por esto, la práctica budista enseña que, para evitar el sufrimiento, las personas deben liberarse del deseo y evitar el apego. Claramente, este no es un concepto cristiano. Sin embargo, a veces malinterpretamos la Biblia y creemos que obedecer a Dios implica morir a todos nuestros deseos y vivir vidas sin pasión, aburridas, insípidas.

Jesús enseñó que «el reino del cielo es como un comerciante en busca de perlas de primera calidad. Cuando descubrió una perla de gran valor, vendió todas sus posesiones y la compró” (Mat. 13:45, 46, NTV). El comerciante, al desear tanto esta perla, estuvo dispuesto a venderlo todo para obtenerla. El budismo enseña a morir al deseo, pero Jesús dice: “Dios bendice a los que tienen hambre y sed de justicia” (Mat. 5:6, NTV). Dios quiere santificar tus sueños, no erradicar tu capacidad para soñar. Dios quiere satisfacer tu profunda sed de vivir una vida con propósito.

Dios nos dio la capacidad de soñar para atraernos a sí mismo. Nos dio una sed que solo él puede saciar. El problema no es la sed, sino los pozos de agua secos, los espejismos en el desierto. El problema no es la sed, sino nuestra tendencia a lamer la arena. En las manos de Dios, nuestros sueños y pasiones santificadas son una gran bendición. En The Journey of Desire [El viaje del deseo], el autor cristiano John Elredge reflexiona: “No se ha escrito una sinfonía, escalado una montaña, combatido una injusticia o mantenido vivo un amor, sin deseo. El deseo […] nos salva de cometer suicidio emocional, de sacrificar nuestros corazones en el altar de la conformidad”. Al llevar nuestro sediento corazón a Dios, demostramos fe en su capacidad para saciarnos. Lo honramos con corazones realmente vivos, no entumecidos por el cinismo o anestesiados contra toda esperanza.

Señor, gracias por darme la capacidad de soñar, de desear, de sentir pasión. Santifícame en tu presencia y dame sueños intrépidos para la gloria de tu nombre. Utiliza el poder de mi imaginación y la pasión de mi corazón para tu honor. Gracias por responder a esta oración con mucho más de lo que pueda pedir o imaginar. Amén.

Vanesa Pizzuto es licenciada en Comunicación Social por la Universidad de La Matanza, Argentina, y tiene un máster en Educación por la Universidad de Hertfordshire, Inglaterra. Es la autora de la serie de cuentos bilingües Amancay, publicada por este mismo sello editorial, así como de numerosos artículos. Trabajó como docente y como presentadora de radio para Radio Adventista de Londres. De nacionalidad argentina, Vanesa vive en Inglaterra.