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Marea

Devocional adventista para la mujer 2022

Entonces Jesús les dijo: Vayamos solos a un lugar tranquilo para descansar un rato’

Marcos 6: 31, NTV

Mis amigas y yo estábamos vacacionando al sur de Devon, en Inglaterra. Un día, decidimos visitar la pintoresca ciudad de Kingsbridge para caminar por la costa del estuario y el antiguo muelle. ¡La belleza de esta zona es difícil de describir! El agua es turquesa y las colinas que rodean el estuario son de un color verde brillante. Nos enamoramos tanto del lugar que decidimos regresar al día siguiente. Para nuestra sorpresa, cuando volvimos a Kingsbridge, el agua había desaparecido. Los botes que habíamos visto flotar cerca del muelle, ahora estaban apoyados sobre el lecho barroso. Por todos lados, donde habíamos visto agua turquesa ahora estaba expuesta la piel desnuda del río.

La experiencia me sorprendió tanto que decidí investigar un poco el asunto. ¿A dónde había ido a parar toda aquella agua? Cada 24 horas ocurren dos ciclos de marea completos (dos mareas altas y dos mareas bajas). En Kingsbridge, las mareas son tan extremas que, según la hora del día, hay partes del estuario que se vacían por completo. A los visitantes que alquilan botes y kayaks para explorar el estuario, se les instruye exactamente por dónde ir, para que no queden empantanados con el cambio de la marea. Los locales están tan acostumbrados a la marea que planean sus actividades siguiendo el ritmo natural de pleamar y bajamar.

Como vivimos en torres de departamentos y usamos luz artificial, estamos bastante desconectadas de los ritmos de la naturaleza. Sacrificamos preciosas horas de sueño empujando el bote, aunque el agua ya desapareció y estamos empantanadas hasta las rodillas. Tenemos tanto para hacer que pensamos que no podemos darnos el lujo de descansar. Sin embargo, Jesús nos dio un ejemplo absolutamente diferente.

En su libro Sabbath (Sábado), Wayne Muller comenta: «Cuando vemos a Jesús apartarse de las multitudes y retirarse a un lugar para descansar, él no está simplemente tomando un merecido descanso, sino que está] honrando la profunda necesidad espiritual de dedicar tiempo no solo al crecimiento y la realización, sino a la quietud y el descanso». Jesús descansaba no porque ya no había nada más para hacer; sin duda, habría innumerables leprosos que sanar y hambrientos que alimentar. Jesús descansaba porque comprendía el ritmo de trabajo y de descanso. Él entendía que tanto la pleamar como la bajamar son absolutamente necesarias.

Señor, ayúdame a honrar mi necesidad de descansar. Cuando la marea baje y mis energías se acaben, ayúdame a respetar ese límite. Quiero vivir con un ritmo de trabajo y descanso que sea razonable y sustentable.

Vanesa Pizzuto es licenciada en Comunicación Social por la Universidad de La Matanza, Argentina, y tiene un máster en Educación por la Universidad de Hertfordshire, Inglaterra. Es la autora de la serie de cuentos bilingües Amancay, publicada por este mismo sello editorial, así como de numerosos artículos. Trabajó como docente y como presentadora de radio para Radio Adventista de Londres. De nacionalidad argentina, Vanesa vive en Inglaterra.