Categories

Archivos

Latencia

Devocional adventista para la mujer 2022

Prométanme, oh mujeres de Jerusalén, por las gacelas y los ciervos salvajes, que no despertarán al amor hasta que llegue el momento apropiado.

Cantares 2: 7, NTV

Cada final es un nuevo comienzo. Con la primavera termina el invierno y con el verano, la primavera. Los comienzos y los finales se funden continuamente, como olas del mar. Dar la bienvenida al cambio es difícil porque implica esperar y ceder el control. Generalmente, hay un tiempo de espera entre un final y un nuevo comienzo. Hay una pausa, puntos suspensivos, un gran vacío lleno de incertidumbre. Aunque este período puede generar temor y ansiedad, recordemos que no es tiempo perdido. La pausa entre un final y un nuevo comienzo es como la fase de latencia de las semillas.

Las semillas saben cuándo crecer. Ellas esperan, como la Bella Durmiente, hasta que reciben un beso triple: agua, temperatura adecuada y suficiente luz. Humildes y pacientes, las semillas pueden esperar más de cincuenta años, hasta que las condiciones estén dadas, para abrirse paso en la tierra. Las semillas siguen vivas mientras esperan. No han muerto. No han sido sepultadas, sino plantadas. Dentro de cada una de ellas yace un bosque, una chispa de vida, un oasis que espera ser despertado en el momento adecuado. Como las semillas, entre un final y un nuevo comienzo podemos experimentar oscuridad y latencia. Recordemos, sin embargo, que esta no es la oscuridad de la tumba, sino la del útero: fuimos plantadas, no sepultadas.

En su libro Sabbath (Sábado), Wayne Muller describe la importancia de este período de espera e incertidumbre: “La latencia optimiza la fuerza y resistencia de la semilla, y la vuelve menos susceptible a los cambios climáticos extremos. En una estación determinada, esto puede reducir el rendimiento. Sin embargo, este ritmo está diseñado no para producir una ganancia rápida a corto plazo, sino una cosecha abundante para la eternidad”. La pausa entre un final y un nuevo comienzo no es tiempo perdido, es tiempo invertido en crecer bien.

Si un capítulo o una temporada de tu vida está terminada, permítete un momento para respirar profundo, reflexionar y esperar. Toda composición musical necesita pausas y silencios. Confía en que, al momento indicado, el Gran Director moverá la batuta y tu vida estará llena de música una vez más.

Cuando me encuentre en un período de latencia, entre un final y un nuevo comienzo, Señor, ayúdame a descansar en ti. Ayúdame a dar la bienvenida a esta etapa de reposo, que también es necesaria e importante. Confío en que, en el momento correcto, despertarás nuevos sueños y oportunidades para mi vida. Amén.

Vanesa Pizzuto es licenciada en Comunicación Social por la Universidad de La Matanza, Argentina, y tiene un máster en Educación por la Universidad de Hertfordshire, Inglaterra. Es la autora de la serie de cuentos bilingües Amancay, publicada por este mismo sello editorial, así como de numerosos artículos. Trabajó como docente y como presentadora de radio para Radio Adventista de Londres. De nacionalidad argentina, Vanesa vive en Inglaterra.