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Una Firma al Final

Devocional adventista para adoslescentes 2022

Pongan en libertad a los que están encarcelados injustamente; alivien la carga de los que trabajan para ustedes. Dejen en libertad a los oprimidos y suelten las cadenas que atan a la gente.

Isaías 58: 6, NTV

Una nación nació en este día de 1776, cuando los primeros hombres que firmaron la Declaración de Independencia de los Estados Unidos escribieron sus nombres al final del documento. Uno por uno, durante varias semanas, 54 delegados del Congreso Continental en Filadelfia, Pensilvania, se enfrentaron figurativamente a Inglaterra, diciendo: «No pagaremos más impuestos sin representación. No más soldados ingleses acuartelados en nuestros hogares. Juramos nuestras fortunas, nuestras vidas y nuestro sagrado honor». Patrick Henry habló en nombre de todos ellos cuando resumió su postura diciendo: «¡Dadme la libertad o dadme la muerte!». Desgraciadamente, muchos ciudadanos de las trece colonias originales harían precisamente eso: pagar su libertad con la vida.

Ya habían pasado 442 días desde que se produjeron los primeros disparos de la Guerra de Independencia en Lexington y Concord, Massachusetts. Al principio, las otras colonias habían observado cómo Massachusetts se resistía valientemente a los británicos, iniciando su propio gobierno revolucionario y levantando su propio ejército. La mayoría pensó que se trataba de una especie de guerra civil en el Imperio Británico. El rey Jorge III lo veía como una rebelión colonial más, pero para muchos estadounidenses era una lucha por sus derechos como ciudadanos británicos. Pero los británicos no quisieron negociar ningún tipo de tregua. En su lugar, contrataron a un ejército de mercenarios alemanes para ayudar a aplastar la rebelión.

La Declaración de Independencia es probablemente el documento más importante de la historia de los Estados Unidos, junto con la Constitución. «Sostenemos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres son creados iguales, que son dotados por su Creador con ciertos derechos inalienables, que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad…». Palabras muy poderosas.

Jesús vino a la tierra para darnos a ti ya mí una declaración de independe también. Vino a liberarnos del pecado y de Satanás. Él sabía que cuando muriera por nosotros, podríamos ser libres para siempre de las garras mortales del pecado. En el mundo venidero no tendremos preocupaciones, culpa, soledad ni dolor. Pero por ahora es nuestro deber compartir esta buena noticia con quien la necesite. Regálales una sonrisa. Diles que Jesús los ama y que ha venido a liberarlos.

Bradley Booth ha enseñado en escuelas adventistas de los Estados Unidos, África, Rusia y Tailandia. Actualmente es el director de The Story Tellers Ministry, que ayuda a enseñar el arte de escribir historias antiguas que siguen siendo importantes hoy. La oración del Dr. Booth es que sus libros inspiren a los lectores a mantenerse de parte de Jesús tanto en los buenos como en los malos tiempos.