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Segundo en jerarquía

Devocional adventista para adultos 2022

Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros.

Romanos 12: 10

¿SUENA FAMILIAR EL NOMBRE DE SCOTTIE PIPPEN? Pippen integró con Michael Jordan uno de los dúos más temibles en la historia del basquetbol profesional. Ganó con los Toros de Chicago seis campeonatos de la Asociación Nacional de Baloncesto (NBA, por sus siglas en inglés). Fue elegido diez veces para el Mejor Equipo Defensivo de la Liga y participó siete veces en el Juego de las Estrellas.

Con esas credenciales, Pippen pudo haber sido el número uno en cualquier otro equipo de la NBA, pero estaba feliz con ser «el segundo en jerarquía», detrás de Michael Jordan, el jugador superestrella de los Toros.

Recordé a Scottie Pippen hace unos días mientras leí una vez más la historia de la visita que Jonatán le hizo a David, mientras este huía de la ira de Saúl. Tan fiera fue esa persecución, que David tuvo que esconderse «en un monte en el desierto de Zif (porque] lo buscaba Saúl todos los días» (1 Sam. 23: 14). Pero hasta el desierto viajó Jonatán para hacerle una visita a su buen amigo, y darle ánimo en su momento de necesidad: «No temas -le dijo—, porque la mano de mi padre Saúl no te encontrará. Tú reinarás sobre Israel, y yo seré segundo después de ti» (vers. 17, RVA-2015).

En otras palabras, a Jonatán no le importaba ser «el segundo en jerarquía». Aunque en el momento de la visita, él era un príncipe, y David, un fugitivo de la justicia, Jonatán decidió arriesgar, no solo su trono, sino también su vida. ¿Por qué lo hizo? Porque la amistad que lo unía a David estaba por encima de cualquier rivalidad egoísta, y porque a Jonatán no le importaba ser «el segundo en jerarquía».

Ese mismo día de la visita, dice la Escritura, los dos amigos «hicieron un pacto delante de Jehová» (vers. 18): cuando David reinara sobre Israel, preservaría la vida a la familia de Jonatán (ver 1 Sam. 20:14-17), y Jonatán reinaría con él como su segundo en jerarquía.

Lamentablemente, Jonatán no vivió para ver el cumplimiento del pacto, pues murió tiempo después en batalla. Sin embargo, su disposición a rebajarse, para que su amigo recibiera el lugar de honor, nos recuerda la esencia de la verdadera humildad; y también nos recuerda otra visita: La que siglos más tarde nos hizo el Rey del universo, quien tomando la forma de siervo, se hizo semejante a nosotros; y «hallándose en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz» (Fil. 2: 7-8).

Padre celestial, quita de mi corazón el deseo de buscar honores terrenales; más bien, inspira en mi un espíritu como el de Jonatán, de modo que no me importe ocupar el segundo lugar. Y cuando el orgullo se quiera apoderar de mi corazón, ayúdame a recordar la humillación que sufrió tu Hijo amado para poder salvarme.

Fernando Zabala, ya jubilado, ha servido como profesor, pastor, rector universitario, conferencista, editor y exdirector de la revista "Prioridades", además de ser el autor de varios libros, entre los que se destacan "Todo no da igual, A pesar de nuestras diferencias, me casaría de nuevo contigo y Saber vivir". Fernando Zabala está casado con Esther y juntos tienen dos hijos: Fernando Jr. y Mayerling; y tres nietas: Alexa, Amber y Annabella.