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El rodeo

Devocional adventista para la mujer 2022

Cuando por fin el faraón dejó salir a los israelitas, Dios no los guió por el camino principal que atraviesa el territorio filisteo, aunque esa era la ruta más corta a la Tierra Prometida. Dios dijo: ‘Si los israelitas llegaran a enfrentar una batalla, podrían cambiar de parecer y regresar a Egipto’. Por eso Dios los hizo dar un rodeo por el camino del desierto, hacia el Mar Rojo.

Éxodo 13: 17, 18, NTV

La ruta más común de Egipto a Canaán en el tiempo del Éxodo era Via Maris (la ruta del mar). Esta ruta, que bordeaba la costa del Mar Mediterráneo, era la más corta y la preferida por las caravanas de mercaderes; transitándola, se podía conseguir agua y comida fácilmente. Sin embargo, en lugar de escoger la ruta del mar, con una bella vista y con la que demorarían solo ocho o diez días en llegar, Dios guió a su pueblo a través del desierto, dando un gran rodeo. Esta aparente ineficiencia tenía una razón de ser: Dios estaba protegiendo a su pueblo. El rodeo evitaba un enfrentamiento con las guarniciones de soldados egipcios estacionados a lo largo del camino y con los filisteos, ya que la ruta atravesaba su país. ¡Dios sabía que los israelitas no estaban listos para la guerra!

A veces, Dios nos conduce en zigzag deliberadamente y por amor. Él sabe que hay obstáculos en el camino más directo que aún no podemos comprender o enfrentar. En Promesas para los últimos días, Elena de White describe este principio con las siguientes palabras: “Dios no conduce nunca a sus hijos de otra manera que la que ellos elegirían si pudiesen ver el fin desde el principio, y discernir la gloria del propósito que están cumpliendo como colaboradores suyos” (p. 129). Por supuesto, para entender la gloria de los planes de Dios hace falta tiempo; necesitamos que se decante el polvo para poder ver con claridad. ¡Esto puede llevar años! Hay planes y propósitos que solo comprenderemos en el cielo. Mientras tanto, nos toca confiar en el Guía.

Puede ser que tu desierto tenga desilusión y soledad, pero aun allí Dios te reconforta con su presencia; con la columna de nube de día y la columna de fuego de noche. Él es sombra refrescante cuando el sol raya, y calor en la noche fría. Aunque no siempre entenderemos él porqué del rodeo, Dios promete que nunca estaremos solas.

Señor, me atraen los atajos y las soluciones mágicas porque soy impaciente. Ayúdame a creer que tu ruta siempre es la mejor, aunque no sea la más cómoda. Sostenme con tu presencia cuando no entienda el camino. Creo que tú me amas y siempre escoges lo mejor para mí.

Vanesa Pizzuto es licenciada en Comunicación Social por la Universidad de La Matanza, Argentina, y tiene un máster en Educación por la Universidad de Hertfordshire, Inglaterra. Es la autora de la serie de cuentos bilingües Amancay, publicada por este mismo sello editorial, así como de numerosos artículos. Trabajó como docente y como presentadora de radio para Radio Adventista de Londres. De nacionalidad argentina, Vanesa vive en Inglaterra.