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Levántate

Devocional adventista para la mujer 2022

Dios no nos ha dado un espíritu de temor y timidez sino de poder, amor y autodisciplina.

2 Timoteo 1: 7, NTV

Recoger los pedazos de nuestros sueños rotos e intentar enmendarlos es uno de los desafíos más grandes de la vida. La desilusión y el dolor que sentimos pueden ser tan grandes que nos aterroriza la idea de volver a soñar. Preferimos conformarnos con lo que tenemos, antes que arriesgarnos emocionalmente y nuevamente sentirnos chasqueadas. El problema, como escribe Scott Reall en Journey to Living with Courage [Viaje a una vida con valentía], es que renunciar a soñar es «la manera más rápida de vaciar un corazón de su deseo de vivir. ¡Los sueños son los latidos de la vida! Estimulan la pasión, nos dan sentido y significado».

Un paralítico estaba junto al estanque de Betesda. Durante treinta y ocho años había soñado con solo una cosa: sanar. Treinta y ocho veces la tierra había danzado en su órbita elíptica alrededor del Sol. Treinta y ocho veces el otoño había cedido paso al renacer de la primavera, trayendo solo más decepciones. A este hombre, que tenía el alma atiborrada de desconsuelos, Jesús le pregunta algo aparentemente cruel: «¿Quieres ser sano?» (Juan 5: 6). ¿Te atreves a soñar, aún hoy, con una vida mejor? ¿Realmente deseas la sanidad, o has resignado tu corazón? Después de que el hombre describiera la dificultad de su situación (no tenía quién lo metiera en el estanque a tiempo, cuando se agitaba el agua) Jesús le pidió que hiciera algo aún más difícil: «Levántate, toma tu lecho, y anda» (Juan 5: 8). Jesús le dijo que hiciera exactamente lo que él no podía hacen levantarse y caminar. A veces, volver a creer se siente así: miramos la esterilla, la zona de confort que nos ata al suelo, preguntándonos si hemos oído correctamente la orden. ¿Realmente Dios espera que volvamos a caminar? Dando, literalmente, un paso de fe, el paralítico se levantó y volvió a caminar.

Vivir con fe es arriesgado. Soñar implica enfrentar desafíos y desilusiones, porque no todos nuestros sueños y proyectos se harán realidad. Sin embargo, no soñar es más arriesgado: significa cederle el control al miedo. Shauna Niequist lo describe así: «Dejo de soñar, a veces, porque me aterra lo que necesitaría para cambiar mi vida, porque me da miedo el caos que los sueños podrían traer, lo que los nuevos sueños demandarían de mí». Pero Dios no nos dio un espíritu de temor y cobardía, sino de poder y amor.

¡Levántate, toma tu lecho y anda!

Señor, muéstrame los aspectos de mi vida en que me he resignado y tú deseas darme nuevos sueños.

Vanesa Pizzuto es licenciada en Comunicación Social por la Universidad de La Matanza, Argentina, y tiene un máster en Educación por la Universidad de Hertfordshire, Inglaterra. Es la autora de la serie de cuentos bilingües Amancay, publicada por este mismo sello editorial, así como de numerosos artículos. Trabajó como docente y como presentadora de radio para Radio Adventista de Londres. De nacionalidad argentina, Vanesa vive en Inglaterra.