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Cuando se marchita el matrimonio

Devocional adventista para la mujer 2022

Habló mi amado, y me dijo: “Amada mía, hermosa mía, levántate y ven. Ya ha pasado el invierno, la lluvia ha cesado y se fue; han brotado las flores en la tierra»

Cantares 2: 10-12, RV95

EN UNA OCASIÓN, pasé varios días fuera de casa, y coincidió que en ese tiempo no llovió nada. Las plantas del jardín se marchitaron y se doblegaron por su mismo peso. El agua abundante con que las regué al llegar y el sol fueron suficientes para reanimarlas de nuevo. Regarla y permitir que reciba luz: esa es la manera de cuidar una planta.

Muchas veces se dice del amor de pareja que es como una planta que hay que cuidar; me parece una comparación acertada. En los primeros años de casados, las emociones placenteras están a flor de piel; vivimos con la persona que amamos y nos encanta estar cerca el uno del otro. Con el paso del tiempo, se van asentando los roles del hogar, y se va creando una rutina que a veces aleja poco a poco a las dos personas desde el punto de vista emocional. Además, los momentos emocionantes y placenteros de los primeros años son cada vez menos y más espaciados. Es entonces cuando surgen las críticas mutuas, aumenta el nivel de negatividad, se empiezan a repartir culpas y comenzamos a pensar que nuestro cónyuge no es lo que esperábamos. Señal clara de que el matrimonio se está marchitando y necesita riego y luz.

¿Cómo se riega la relación de pareja? Con atenciones, pasión, entrega, respeto, bajando el nivel de expectativas, sugiriendo en lugar de dando órdenes, y con mucho, mucho sacrificio. Y todo esto, por ambas partes. Las atenciones del noviazgo pueden ser ahora más abiertas y placenteras; la pasión y la atracción física pueden ser expresadas ahora más intensamente, pues los cónyuges tienen un sentido de pertenencia mutua sin límites, otorgado por Dios al momento de la ceremonia matrimonial.

La admiración y el reconocimiento del otro también riegan el amor. Mantener una actitud positiva cuando llegan los desacuerdos, pasar por alto las equivocaciones, y ofrecer y dar perdón son el riego perfecto para que florezcan los mejores sentimientos, las emociones más gratificantes y el deseo ser feliz y de hacer feliz al otro.

Hemos hablado hasta aquí del riego de la planta del amor; ¿y la luz? La luz es Dios. Acude a él en oración y suplica que te dé los mejores rayos del sol de justicia, para que tú y tu esposo vuelvan a florecer en amor.

Vanesa Pizzuto es licenciada en Comunicación Social por la Universidad de La Matanza, Argentina, y tiene un máster en Educación por la Universidad de Hertfordshire, Inglaterra. Es la autora de la serie de cuentos bilingües Amancay, publicada por este mismo sello editorial, así como de numerosos artículos. Trabajó como docente y como presentadora de radio para Radio Adventista de Londres. De nacionalidad argentina, Vanesa vive en Inglaterra.