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El amor es de Dios

Amados, amémonos unos a otros, porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama es nacido de Dios y conoce a Dios.

1 Juan 4:7

Dios,en su totalidad, es amor. No nos lo podemos imaginar de otra forma sin desfigurarlo. El Señor nos propone que seamos como él es, y a través de la Biblia nos guía hacia la manera adecuada de entender tan maravillosa idea. Contemplar a Dios nos convertirá en personas de bien, buenos compañeros, amantes de verdad, puesto que basaremos nuestro amor en la Persona idónea.

El amor que está basado en Dios no se puede desarrollar únicamente con emociones. Descansar en las emociones es vivir en la temporalidad de las ocasiones o de los procesos hormonales. Aunque la mayoría de las personas piensan que el amor es solamente sensación, hemos de ir más allá del instinto, que nos restringe y perturba, para poder interiorizar la grandeza del significado del amor. Con relación a esto, indica Elena de White: “Cuando el principio celestial del amor eterno llena el corazón, fluirá a los demás […], porque el amor es el principio de acción, que modifica el carácter, gobierna los impulsos, domina las pasiones, subyuga la enemistad y eleva y ennoblece los afectos” (Testimonios selectos, t. 3, p. 265). Observa algunas de sus expresiones:

  1. El principio celestial del amor eterno. El amor es un principio, podríamos decir que es la mecánica con la que funciona el universo. Y viene de Dios, no es el resultado de simples atracciones físicas o convenciones sociales. Es la esencia misma de Dios formando parte de nuestra vida. Es, además, una esencia que supera nuestro yo y alcanza a los demás.
  2. El amor es el principio de acción. Tal amor no es un concepto platónico que se establece solo en nuestra mente. Es el origen de nuestras acciones, el motor que permite que nuestras ideas se conviertan en realidades.
  3. Modifica el carácter. La principal virtud del amor que proviene de Dios es que nos hace semejantes a él. Progresivamente nos va mejorando hacia el modelo que representa Cristo. Otras interpretaciones del amor no siguen ese proceso.
  4. Gobierna los impulsos, domina las pasiones, subyuga la enemistad. Al ser un principio, tiene la cualidad de limitar lo meramente emocional u hormonal. Permite que existamos de forma equilibrada. Además, nos capacita para resolver conflictos.
  5. Eleva y ennoblece los afectos. El amor de Dios genera en nosotros un anhelo de madurez espiritual. Hace que nuestros impulsos sean canales de motivación para crecer como personas.
    Este sí que es un amor deseable. Y Dios lo comparte contigo, porque te ama inmensamente.

Víctor M. Armenteros es doctor en Filología Semítica por la Universidad de Granada y doctor en Teología (Antiguo Testamento) por la Universidad Adventista del Plata (Argentina). Durante más de una década ha sido profesor de Sagrada Escritura y Lenguas Bíblicas en el Seminario Adventista de España. Actualmente comparte la docencia con la gestión, al ejercer como director de los estudios de posgrado de la Universidad Adventista del Plata y de la sede austral (Argentina, Paraguay y Uruguay) del Seminario Adventista Latinoamericano. Es miembro de la Asociación Española de Estudios Hebreos y Judíos. Ha colaborado como traductor en la Biblia Traducción Interconfesional y forma parte del equipo editorial de la revista DavarLogos. Es, a su vez, autor de diversos artículos sobre escritos bíblicos y literatura rabínica.