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Amarás a Jehová, tu Dios, de todo tu corazón, de toda tu alma y con todas tus fuerzas.

Deuteronomio 6:5

Es bien usual que cuando una pareja inicia una relación se intercambien información. Se empieza por cuestiones triviales relacionadas con lo que gusta o no. Después, los detalles de su historia, cómo fue su infancia, qué cosas lo impresionaron, cuáles eran sus expectativas… Llega un momento en que surge la pregunta que marca todo el desarrollo posterior: “¿Qué esperas de esta relación?”

En Deuteronomio 6, después de haber transmitido los Mandamientos que nos clarifican la naturaleza de Dios, e incluso la nuestra, Moisés expresa qué espera el Señor de nuestra relación con él: “Amarás a Jehová, tu Dios, de todo tu corazón, de toda tu alma y con todas tus fuerzas”.

Observa que comienza hablando de la plataforma de la relación: el amor. No desea que sea un vínculo de interés, nada de apaños. Ni un vínculo de temor, nada de miedos. Anhela que vivan una historia de amor. Continúa con un mensaje de cercanía: Jehová. Emplea su nombre de pila, el de los cercanos. Es Dios, pero espera que lo conozcamos en la proximidad. Es lógico, a una persona se la conoce mejor en casa que en los eventos. En la intimidad no hay convenciones y uno se muestra tal y como es. Y Jehová gana muchísimo en las distancias cortas. Se hace querer solo con conocerlo. Además, añade que es “tu Dios”. Ese “tu” no indica que lo poseamos, ni mucho menos. Significa que hay un vínculo, que no es alguien ajeno a ti, que anhela una relación.

¿Cómo es ese amor? Pues es un amor total, un amor a lo grande. Primero, porque surge de la plenitud del corazón. En nuestra cultura, el corazón es la sede de los sentimientos, pero en la cultura hebrea es la de las decisiones. Eso quiere decir que el amor a Dios debe ser voluntario; algo que tú has decidido porque así lo deseas. Y esa decisión afecta el resto de tus decisiones. Amar con todo el corazón es dirigir cada una de nuestras voluntades hacia lo que a Dios le gusta. Segundo, es un amor total, porque implica todo el ser, cada muestra de mi vitalidad está dedicada a él.

Pero el amor de verdad es así, no tiene límites, no tiene excepciones. Es una relación que da energía a cada momento de nuestra vida. Y, por último, implica intensidad. Es muy divertido, porque el original dice literalmente que es “todo de tu mucho”. Es decir, que es un amor que se vive apasionadamente. Diríamos, perdonen la expresión, un amor a lo latino, el amor de nuestra vida.

Víctor M. Armenteros es doctor en Filología Semítica por la Universidad de Granada y doctor en Teología (Antiguo Testamento) por la Universidad Adventista del Plata (Argentina). Durante más de una década ha sido profesor de Sagrada Escritura y Lenguas Bíblicas en el Seminario Adventista de España. Actualmente comparte la docencia con la gestión, al ejercer como director de los estudios de posgrado de la Universidad Adventista del Plata y de la sede austral (Argentina, Paraguay y Uruguay) del Seminario Adventista Latinoamericano. Es miembro de la Asociación Española de Estudios Hebreos y Judíos. Ha colaborado como traductor en la Biblia Traducción Interconfesional y forma parte del equipo editorial de la revista DavarLogos. Es, a su vez, autor de diversos artículos sobre escritos bíblicos y literatura rabínica.