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Fuente de San Luis

Todos ellos, por fe, conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones.

Hebreos 11:33

Me gusta viajar en tren. El rítmico balanceo de los vagones, la posibilidad de conocer a otra gente o de observar el paisaje con todo detalle son algunas de las características que lo hacen interesante. Muchas veces he viajado desde Sagunto a Valencia, dos ciudades de la costa mediterránea española, por diferentes razones. Reconozco que más por placer que por trabajo. Casi puedo recordar de forma ordenada cada una de las estaciones de este recorrido.

Hay una, sin embargo, que siempre me llamó la atención: Fuente de San Luis. Era un lugar donde casi nadie se bajaba porque era la parada anterior al término, Valencia, y no tenía demasiado interés si no trabajabas como empleado de la agencia ferroviaria. Era donde se hacían los cambios técnicos. Si hace unos años me hubieran preguntado qué había en ese lugar, no les habría sabido responder. Me parecía un sitio insignificante.

Un día, llegaron las máquinas y los constructores, y comenzaron a edificar al lado de la estación el mayor hospital de la zona. No era, ni mucho menos, un edificio común, era un megaproyecto de salud. Al concluir la obra colocaron un inmenso cartel: “La Fe”. Y se convirtió en un espacio relevante para aquellos que debían tratarse clínicamente. Y la insignificante parada de “Fuente de San Luis” empezó a estar muchísimo más concurrida gracias a “La Fe”. Adquirió importancia. Ahora, cuando la miro desde la ventana de mi vagón, sonrío y pienso, simbólicamente, cuán importante es la fe. Convierte lo más anodino en relevante, e incluso, generador de proezas.

Hebreos 11 es un capítulo de héroes que lo fueron única y exclusivamente porque se colocaron junto a Dios en la fe. Gente que confió a tal extremo en el Señor que vivió hazañas y derribó imposibles. Abram no habría sido más que un señor tribal si no hubiese, por fe, dejado su tierra. Moisés no habría sido más que un gobernante egipcio si no hubiese, por fe, dejado su posición social. Rahab no habría sido más que una meretriz si no hubiese, por fe, dejado sus prejuicios y acogido a los espías. Eran personas normales que, al confiar en el Señor, adquirieron relevancia.

A mí me gustaría realizar hazañas, ¿a ti no? No necesito tener mucha capacidad ni formación exquisita, tan solo colocarme junto a la fe. Entonces, como la estación de Fuente de San Luis, empezaré a ver cómo todo cambia a mejor. No lo dudes ni un momento más, aférrate a lo que crees, confía en Dios y prepárate para vivir experiencias maravillosas.

Víctor M. Armenteros es doctor en Filología Semítica por la Universidad de Granada y doctor en Teología (Antiguo Testamento) por la Universidad Adventista del Plata (Argentina). Durante más de una década ha sido profesor de Sagrada Escritura y Lenguas Bíblicas en el Seminario Adventista de España. Actualmente comparte la docencia con la gestión, al ejercer como director de los estudios de posgrado de la Universidad Adventista del Plata y de la sede austral (Argentina, Paraguay y Uruguay) del Seminario Adventista Latinoamericano. Es miembro de la Asociación Española de Estudios Hebreos y Judíos. Ha colaborado como traductor en la Biblia Traducción Interconfesional y forma parte del equipo editorial de la revista DavarLogos. Es, a su vez, autor de diversos artículos sobre escritos bíblicos y literatura rabínica.