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‘Amics per sempre’

Jonatán dijo entonces a David: Vete en paz, porque ambos hemos jurado en nombre de Jehová, diciendo: “Que Jehová esté entre tú y yo, entre tu descendencia y mi descendencia, para siempre.

1 Samuel 20:42

En 1992 vivía en Barcelona, donde había trabajado como pastor y estaba concluyendo mis estudios de Hebreo. Era el año en que se celebraban los Juegos Olímpicos en esa ciudad, y me parecía una metáfora de mis retos personales. Todo había cambiado, la ciudad se había embellecido, el espíritu olímpico se sentía por doquier, la euforia impregnaba el ambiente.

La apertura me pareció emotiva, pero mucho más la clausura. Reconozco que se me saltaron las lágrimas cuando José Carreras y Sarah Brightman cantaron ‘Amics per sempre’ (‘Amigos para siempre’ en español y ‘Friends for life’ en inglés). Recojo algunas frases de la letra: “Te siento cerca de mí, incluso cuando estamos separados. Solo con saber que estás en este mundo, mi corazón se caldea. Amigos para siempre.

No solo un verano o una primavera, sino amigos para siempre”. Añoro ese mensaje, y a mis amigos catalanes.
David y Jonatán son el modelo de compañeros de verdad. El segundo era príncipe, con riquezas y elegancia.

El primero, un simple pastor, humilde y sin protocolos. Muchos podrían decir que esos mundos tan distintos jamás los dejarían ser amigos. Pero no sabían que no importan las distancias sociales cuando Dios está en el corazón de las personas.

David y Jonatán compartían eso: Dios estaba en sus corazones. Era la razón de su afinidad, tenían principios en común y disfrutaban viviendo la grandeza divina.

Convirtieron su historia en una de las narraciones de amistad más famosas de la Biblia, y aún resuena el secreto de esa amistad en el texto bíblico: “Jonatán dijo entonces a David: ‘Vete en paz, porque ambos hemos jurado en nombre de Jehová, diciendo: Que Jehová esté entre tú y yo, entre tu descendencia y mi descendencia, para siempre’ ” (1 Sam. 20:42).

Dios promete que el vínculo que genera entre nosotros no será algo pasajero. Siempre nos ayudará, siempre nos sustentará con su poder. Sabemos que es así porque lo sentimos cerca aunque pensemos que estamos separados, porque nuestro corazón salta de confianza solo con pensar en él. Su amistad es verdadera y para siempre.

La intensa relación de David y Jonatán fue tan genuina que continuó en sus descendientes. No hay ninguna duda, ese tipo de amistad precisa de la presencia de Dios. ¿No te gustaría que la historia entre ustedes fuese algo similar a la de Jonatán y David?

Recuérdalo y recuérdaselo a tus amigos: Jesús quiere compartir la amistad de ustedes, y quiere hacerlo con intensidad, para siempre.

Víctor M. Armenteros es doctor en Filología Semítica por la Universidad de Granada y doctor en Teología (Antiguo Testamento) por la Universidad Adventista del Plata (Argentina). Durante más de una década ha sido profesor de Sagrada Escritura y Lenguas Bíblicas en el Seminario Adventista de España. Actualmente comparte la docencia con la gestión, al ejercer como director de los estudios de posgrado de la Universidad Adventista del Plata y de la sede austral (Argentina, Paraguay y Uruguay) del Seminario Adventista Latinoamericano. Es miembro de la Asociación Española de Estudios Hebreos y Judíos. Ha colaborado como traductor en la Biblia Traducción Interconfesional y forma parte del equipo editorial de la revista DavarLogos. Es, a su vez, autor de diversos artículos sobre escritos bíblicos y literatura rabínica.