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Y además da color

Esta es la señal del pacto que he establecido entre mí y todo lo que tiene vida sobre la tierra.

Génesis 9:17

¿Sabías que el arcoíris en realidad es un círculo perfecto? No lo podemos apreciar porque nuestra perspectiva no nos permite verlo en su totalidad, pero si miras un arcoíris desde un avión en vuelo te percatarás de ello.

¿Sabías que cuando hay un arcoíris doble, los colores de cada uno están invertidos? Se debe a que un arcoíris se refleja a 42º y el otro a 50º, y ese es el efecto que producen. ¿Sabías que el cielo es más claro en el centro del arcoíris?

Se debe a que se reflejan todos los colores del fenómeno atmosférico. Para los griegos, era una diosa (Iris) que transmitía mensajes de guerra y catástrofes. En Mesopotamia, era el collar de la diosa de la belleza (Istar).

Para los irlandeses, al final del arcoíris hay una olla de monedas de oro que custodia un duende. Para los amantes de las bandas sonoras, la canción ‘Sobre el arcoíris’ (Over the Rainbow) representa uno de los hitos de la música estadounidense.

Pero es mucho más, es un símbolo. Como dice Elena de White: “Era el propósito de Dios que cuando los niños de las generaciones futuras preguntasen por el significado del glorioso arco que se extiende por el cielo, sus padres les repitiesen la historia del diluvio, y les explicasen que el Altísimo había combado el arco, y lo había colocado en las nubes para asegurarles que las aguas no volverían jamás a inundar la tierra.

De esta manera, de generación en generación, el arco iris sería un testimonio del amor divino hacia el hombre, y fortalecería su confianza en Dios” (Patriarcas y profetas, p. 97). Es una señal de protección, Dios nos cuida.

E, incluso, una promesa. También en palabras de Elena de White: “Pronto aparece en el este una pequeña nube negra, del tamaño como la mitad de la mano de un hombre. Es la nube que envuelve al Salvador y que a la distancia parece rodeada de oscuridad. El pueblo de Dios sabe que es la señal del Hijo del hombre.

En silencio solemne la contemplan mientras va acercándose a la tierra, volviéndose más luminosa y más gloriosa hasta convertirse en una gran nube blanca, cuya base es una gloria como fuego consumidor, y sobre ella el arco iris del pacto. Jesús marcha al frente como un poderoso conquistador” (La segunda venida y el cielo, p. 49).

Y, además, da color a nuestra vida. Y es que Dios lo hace todo realmente bien.

Víctor M. Armenteros es doctor en Filología Semítica por la Universidad de Granada y doctor en Teología (Antiguo Testamento) por la Universidad Adventista del Plata (Argentina). Durante más de una década ha sido profesor de Sagrada Escritura y Lenguas Bíblicas en el Seminario Adventista de España. Actualmente comparte la docencia con la gestión, al ejercer como director de los estudios de posgrado de la Universidad Adventista del Plata y de la sede austral (Argentina, Paraguay y Uruguay) del Seminario Adventista Latinoamericano. Es miembro de la Asociación Española de Estudios Hebreos y Judíos. Ha colaborado como traductor en la Biblia Traducción Interconfesional y forma parte del equipo editorial de la revista DavarLogos. Es, a su vez, autor de diversos artículos sobre escritos bíblicos y literatura rabínica.