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Wodaabe

No cometerás adulterio.

Éxodo 20:14

No hay duda de que el festival de belleza más exótico que se produce en este mundo es el Guerewol. Se celebra al final de la época de lluvias, en septiembre, entre los miembros de la tribu wodaabe, en el Sahel.

Lo más llamativo, para nuestra cultura, es que los que compiten son los hombres. Se acicalan durante más de seis horas para resultar irresistibles. Para ello, se pintan la cara de amarillo, los labios de negro (así resaltan mucho más sus blanquísimos dientes) y se marcan la nariz para hacerla mucho más larga.

Por si no fuera suficiente, abren mucho los ojos, porque eso es sumamente bello. Tres de las mujeres mas hermosas de los poblados hacen de jurado y eligen a los que luego serán sus esposos. La tribu wodaabe es poliándrica, por lo que las mujeres tienen varios esposos.

Lo del Guerewol podemos asumirlo; a fin de cuentas, estamos acostumbrados a los documentales de viajes en los que se ve de todo. “Pero lo de la poliandria”, puedes pensar, “¡eso ya es demasiado! ¡Varios esposos con una sola mujer! ¿Adónde vamos a llegar?” No vamos a llegar, ya estamos.

La gran trampa de nuestra época pasa por la sexualidad a destiempo, la sexualidad sin amor, la sexualidad explícita, la sexualidad hedonista y egoísta. Lo de los wodaabe no es más irregular que practicar sexo sin amor, no es más irregular que ser infiel, no es más irregular que “casarse y darse en casamiento” sin la bendición divina.

La pureza fuera y dentro del matrimonio parece una virtud desfasada y bobalicona. No se puede olvidar, sin embargo, que la pureza es el contexto de la confianza, de la sinceridad, de la intimidad que no solo muestra piel sino corazón.

Ya en la época del Nuevo Testamento, Pablo advertía a Tito: “Todas las cosas son puras para los puros, pero para los corrompidos e incrédulos nada es puro, pues hasta su mente y su conciencia están corrompidas” (Tito 1:15). Nosotros buscamos la pureza del Edén porque vamos hacia un nuevo Edén.

¿Qué nos queda del paraíso? El sábado y el matrimonio. Satanás intenta desvirtuar ambas instituciones porque nos crean vínculos de intimidad con Dios y con nuestra pareja. La sexualidad con amor, pureza, contexto y compromiso nos devuelve a la experiencia previa al pecado.

Y no hay nada más hermoso que disfrutar de la intimidad como tiene que ser. Todo lo demás no dejan de ser experiencias sin futuro. Exóticas, sí; irregulares, también. Por eso, ama de verdad. Ama a tu pareja.

Víctor M. Armenteros es doctor en Filología Semítica por la Universidad de Granada y doctor en Teología (Antiguo Testamento) por la Universidad Adventista del Plata (Argentina). Durante más de una década ha sido profesor de Sagrada Escritura y Lenguas Bíblicas en el Seminario Adventista de España. Actualmente comparte la docencia con la gestión, al ejercer como director de los estudios de posgrado de la Universidad Adventista del Plata y de la sede austral (Argentina, Paraguay y Uruguay) del Seminario Adventista Latinoamericano. Es miembro de la Asociación Española de Estudios Hebreos y Judíos. Ha colaborado como traductor en la Biblia Traducción Interconfesional y forma parte del equipo editorial de la revista DavarLogos. Es, a su vez, autor de diversos artículos sobre escritos bíblicos y literatura rabínica.