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Y fue así

E hizo Dios un firmamento que separó las aguas que estaban debajo del firmamento, de las aguas que estaban sobre el firmamento. Y fue así.

Génesis 1:7


Una de las expresiones que se repite en este primer capítulo es “y fue así”, y aunque parece redundante, no lo es. Se registra en los versículos 7, 9, 11, 15, 24 y 30. La palabra “así” (ken) viene de una raíz que indica algo firme, bien establecido.

Podríamos traducir la expresión como “y así fue establecido”. ¿Qué quiere decir esto? Pues que lo realizado en ese instante no solo fue creado para ese momento, sino para siempre.

En los versículos 7 y 9 se les asigna un espacio fijo a los cielos y a las aguas del mar, y para un hebreo, eso tenía fuertes connotaciones. Tanto en la mitología cananea como en la mesopotámica, los dioses celestes y marinos luchan entre sí sin límites que los contengan.

Al situarlos espacialmente y para siempre en un lugar, la Biblia nos recuerda que el cielo o el mar no son dioses. En el versículo 11 se constata que quien produce la vegetación con sus ciclos no es el dios Ba’al (que despertaba en primavera y producía la flora) sino Jehová. En el versículo 15 se propone la función de las lumbreras, considerándolas como instrumentos de medición, y no como dioses (Shamash o Sin) ni como generadores de destinos (les iba bastante lo del horóscopo).

Los versículos 24 y 30 nos presentan la taxonomía de los seres creados y su dieta. Los animales son animales y no hay necesidad de ofrendas o sacrificios para ellos. No son dioses.

Tras cada “y fue así” cae el panteón egipcio, cananeo o mesopotámico. Porque Jehová habla y las cosas se colocan en su sitio, porque la naturaleza es naturaleza, no Naturaleza. Lo creado está sujeto siempre a la voluntad del Creador.

No es difícil escuchar en cualquier documental expresiones como “la madre Naturaleza” o “la sabiduría de la Naturaleza”. Están tan instaladas, que incluso se consideran científicas. En cambio, en la época de Moisés un “y fue así” cuestiona la mitología actual, la prepotencia de las hipótesis convertidas en axiomas. La razón, además, nos indica que hay que tener tanta fe en Tiamat (diosa del mar) como en Gaia (madre Naturaleza).

Y, puestos a creer, prefiero creer en Dios, ¿no les parece?
Lo nuestro pasa, pero lo suyo permanece. Eso no solo nos aporta seguridad sino además esperanza, porque nos quiso, nos quiere y nos querrá. Moisés afirmó: “Y fue así”, y nosotros podemos exclamar con certeza: “Y así será”.

Víctor M. Armenteros es doctor en Filología Semítica por la Universidad de Granada y doctor en Teología (Antiguo Testamento) por la Universidad Adventista del Plata (Argentina). Durante más de una década ha sido profesor de Sagrada Escritura y Lenguas Bíblicas en el Seminario Adventista de España. Actualmente comparte la docencia con la gestión, al ejercer como director de los estudios de posgrado de la Universidad Adventista del Plata y de la sede austral (Argentina, Paraguay y Uruguay) del Seminario Adventista Latinoamericano. Es miembro de la Asociación Española de Estudios Hebreos y Judíos. Ha colaborado como traductor en la Biblia Traducción Interconfesional y forma parte del equipo editorial de la revista DavarLogos. Es, a su vez, autor de diversos artículos sobre escritos bíblicos y literatura rabínica.