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El miedo de Pablo

Estaba débil y temblaba de miedo cuando me presenté ante ustedes.

1 Corintios 2:3, PDT.

De acuerdo con lo que el mismo apóstol Pablo dijo, él fue el primer cristiano en visitar la ciudad de Corinto (1 Cor. 3:10). ¿Cuáles eran los miedos de Pablo? Corinto, con unos 600.000 habitantes, era la capital de la provincia de Acaya, la ciudad con mayor liderazgo en toda Grecia, un centro imperial con toda clase de actividades comerciales.

Era la atracción del mundo, famosa por su universidad, sus edificios públicos y sus competencias atléticas; pero también era sinónimo de inmoralidad.

Los miedos de Pablo eran razonables. Aunque los corintios eran brillantes en oratoria, sabían muy poco de los temas divinos. Decidió evitar discusiones eruditas y presentar sencillamente el relato de Jesús y su muerte expiatoria. Sus expectativas no eran promisorias, pues había muchos enemigos del cristianismo.

También temía que los corintios solo destacaran sus capacidades y dotes persuasivas, pues Pablo era un orador muy elocuente. La tarea de todo predicador es tener una actitud de sumisión, una dependencia de Dios y un humilde reconocimiento de nuestras debilidades.

Alcanzamos nuestro máximo potencial cuando comprendemos y reconocemos nuestra debilidad (ver 5TI, pp. 70, 71). Cuando compartas el mensaje de salvación, sigue el ejemplo de Pablo: presenta un mensaje básico, permite que sea el Espíritu Santo quien dé poder a tus palabras y las use para la gloria de Dios.

Pertenecí a una iglesia con un pastor que tenía gran pasión por la predicación; era un gran intelectual, experto en doctrinas y profecías. Su primera campaña evangelizadora fue perfectamente organizada, pero el número de visitas disminuyó hasta que solo uno asistió a la iglesia.

El segundo año cambió de estrategia. Las reuniones se hicieron en un salón de la iglesia. Los temas fueron sencillos, enfatizando la obra de Jesús. Seis personas se bautizaron. El pastor aprendió, como Pablo: “No me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el evangelio; no con sabiduría de palabras, para que no se haga vana la cruz de Cristo” (1 Cor. 1:17).

No necesitamos asombrar a los oyentes con un estilo ampuloso, ni convencer con razonamientos humanos. Tu labor es sembrar, el Espíritu Santo hará germinar la semilla y crecer la planta espiritual.

“Las presentaciones fantásticas de la verdad pueden provocar un éxtasis de sentimiento; pero demasiado a menudo las verdades presentadas de esta manera no proporcionan el alimento necesario para fortalecer al creyente para las batallas de la vida” (HAp, p. 207).

ARSENIA FERNÁNDEZ-UCKELE es teóloga, educadora, especialista en familia y desarrollo infantil. Ha sido misionera en África, Cuba, Argentina, Venezuela y Colombia. Actualmente se desempeña como profesora de castellano en Toledo, Ohio. Es anciana y tesorera de su iglesia local. En su tiempo libre graba programas para la televisora local en Estados Unidos, Venezuela y varias emisoras cristianas. Predica y presenta seminarios en reuniones de damas.