Todo mi pueblo sabe que eres una mujer de noble carácter.
Rut 3:11
Sarepta Henry, hija de un ministro metodista, nació en 1839, en el estado de Illinois. Debido a salud frágil, no participaba en las tareas domésticas, pero acompañaba a su padre en sus visitas.
Se casó a los veintidós años con un profesor que falleció diez años más tarde, dejándola sola con tres hijos. Como profesora y escritora, consiguió mantenerlos. En 1874, cuando notó que su hijo había sido invitado por un extraño a ir a un bar, formó una asociación de mujeres estudiosas de la Biblia que marchaban por las calles, oraban frente a los bares y dentro de ellos, y luchaban contra la venta de bebidas alcohólicas.
Gracias a su trabajo, algunas ciudades no vendieron más bebidas. Alrededor de 1885, Sarepta enfermó gravemente y quedó imposibilitada de hablar y viajar. Unos años después, fue a tratarse al Sanatorio de Battle Creek. Impresionada por la atención que recibió, por los cánticos y por las oraciones, estudió la Biblia con los adventistas del séptimo día, y se unió a la iglesia.
Recuperó su salud. Al notar cuán poco hacían las hermanas por los otros, ante la misión, y los recursos y orientaciones disponibles, decidió inspirarlas a hacer más. Elena G. White inspiró a Sarepta por medio de cartas. Ella escribió: «He estado pensando que, con su experiencia y la supervisión de Dios, usted podrá ejercer influencia para poner en funcionamiento las líneas de trabajo en las cuales las mujeres podrían unirse y trabajar para el Señor […]
Me entristece que nuestras hermanas en los Estados Unidos no estén realizando la obra que podrían hacer para el Señor Jesús». (Carta 133, 1898). Esas palabras confirmaron el llamado que Sarepta había oído de Dios.
Muy pronto puso sus planes en práctica, y vio a innumerables mujeres involucradas en todo el país y muchas conversiones. Sarepta Henry falleció en 1900, pero dedicó su vida al servicio de Dios. Fue pionera, incentivando a mujeres a realizar la misión, al crear el Ministerio de la Mujer Adventista.
Hoy, más de cien años después, miles de mujeres alrededor del mundo siguen la misma motivación y llevan a otras a los pies de Jesús. Las palabras del versículo de hoy fueron las que Booz le dijo a Rut.
Cuando entendió el plan de Dios, ella se unió a él y a su pueblo y terminó formando parte de la genealogía de Jesús. Tú también, unida al poder divino, puedes realizar una gran obra para nuestro Dios.


