YO ESTARÉ CONTIGO COMO ESTUVE CON MOISÉS.
JOSUÉ 1:5
Es imponente. Sentado con las tablas de la Ley y mirando de lado, su porte majestuoso asusta. Enormes rizos de barba caen por su cuerpo. Una de sus musculosas rodillas está a la vista, con una astilla de piedra rota que desentona con su perfección escultural.
Esta obra de arte se encuentra en Roma, la capital de Italia, desde el año 1515. Se trata de la famosa escultura «Moisés», de Miguel Ángel. Sin duda es un atractivo turístico mundialmente conocido por una historia bastante curiosa.
Se dice que, después de tres años dedicados a esta escultura, Miguel Ángel estaba ultimando los detalles de su obra. Al admirar cómo aquel bloque de mármol sin forma se había transformado, el escultor quedó extasiado con su perfección y, en un impulso excéntrico, lanzó su martillo contra la pierna de la escultura mientras gritaba: «¡Habla, Moisés!».
Por eso, hasta hoy, la estatua tiene una marca en su rodilla derecha. Ahora bien, si conocer este «Moisés de piedra» es algo increíble, imagina lo que será encontrarte con el verdadero Moisés en el cielo.
Este auténtico héroe de la fe no solo escribió los primeros cinco libros de la Biblia, conocidos como el Pentateuco, sino que también fue uno de los líderes más grandes de la historia.
Guiar a un pueblo de millones de israelitas por las arenas del desierto durante más de 40 años debió de ser una tarea monumental. El gran Moisés tuvo que abrir el mar Rojo, pedir maná del cielo, destruir un becerro de oro, sacar agua de una roca y mucho más.
Lo mejor de todo esto es pensar que, cuando Moisés subió al monte Nebo para morir, Dios ya tenía preparado un plan de resurrección inmediata para él. Su dependencia del Padre celestial lo hizo digno de ello.
Después de todo, Moisés fue el único que vio a Dios de espaldas, ¿te imaginas? ¿Cómo habrá sido para el pueblo verlo descender del Sinaí con el rostro resplandeciente? Vale la pena seguir el ejemplo de este líder del Señor.
Tienes un día por delante. Aprovecha para vivir dependiendo de Jesús. Si hasta Moisés enfrentó grandes luchas, tú también puedes superar las tuyas. Da lo mejor de ti e invita al Creador a recrearte a su propia imagen.
Resplandecerás ante el mundo con una manera de ser diferente, y serás incluso mejor que la más perfecta obra de arte de esta Tierra. Solo deja que Dios esculpa tu día con su divina voluntad.
¡Y nadie te dará un martillazo en la rodilla!


