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El que no trabaja que no coma

Porque también cuando estábamos con vosotros, os ordenábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma.

2 Tesalonicenses 3: 10

La iglesia de Tesalónica recibió muchas felicitaciones de parte del apóstol Pablo y se distinguió como una iglesia fiel y obediente, pero el apóstol, aparte de darles consejos sobre la conducta cristiana, le recuerda que, mientras él estuvo con ella le enseñó a sus miembros a ser personas trabajadoras.

Aunque él y sus colaboradores se dedicaban a predicar la palabra de Dios, tomaban tiempo para trabajar y ganarse el sustento para no ser una carga para la iglesia. Pablo no pasaba un fin de semana con ellos, sino meses, de manera que su estilo de vida permeaba como un ejemplo vivo de la forma como debía vivir un cristiano.

El consejo sigue siendo válido e importante para el día hoy, especialmente para aquellos que son padres. Enseñar a los hijos a ser trabajadores es muy importante; es una herencia invaluable. Los hijos que aprenden a ser laboriosos y dedicados al trabajo jamás pasarán hambre y encontrarán siempre una oportunidad cuando aparentemente todas las puertas estén cerradas.

El trabajo arduo ennoblece el carácter de las personas y trae gratificación y felicidad al que lo practica. Nada hay tan emocionante en la vida laboral como recibir el primer cheque después de una semana de arduo labor.

El salario es el resultado del esfuerzo, la consecuencia de poner dedicación, tiempo, inteligencia, conocimiento y empeño a lo que se hace. Algunos han llegado a considerar que el salario es vida, puesto que es el fruto del tiempo dedicado al trabajo, algo que resulta en la adquisición de dinero.

Por eso el consejo es que el que no trabaja no coma, porque si come sin saber el esfuerzo que se necesitó para traer esos alimentos a la mesa, no lo valorará, no estará agradecido y no sentirá la felicidad y la satisfacción de haberse ganado el pan.

Lo más hermoso de trabajar es que puedes honrar a Dios con el fruto de tu trabajo devolviéndole el diezmo y ofreciéndole tus ofrendas, pues es él quien te da fuerza, inteligencia y tiempo de vida para trabajar, así que todo es por él y para él.

Mi querido amigo, si por alguna razón no has querido trabajar es hora de lo hagas. Experimenta la satisfacción de ser útil porque esto te dará una valía personal que no imaginas.

Si ya trabajas, honra a Dios y recuerda que todo lo que tienes es por él; devuelve los diezmos y da ofrendas con un corazón agradecido, porque todo es por su gracia.