Nuestra carta son ustedes, escrita en nuestro corazón, conocida y leída por todos los hombres.
2 Corintios 3:2
En 1972, el cartero Gabriel March fue condenado por la fiscalía española a la mayor pena de la historia: i384.912 años de prisión! Esto se debió a que March no había entregado unas 42.000 cartas, abrió la mayoría de ellas y robó su contenido.
Según una ley española, la destrucción de cualquier documento conlleva hasta nueve años de prisión, por lo que él recibió una pena proporcional al número de cartas destruidas. Sin embargo, el juez se negó a imponer una pena tan alta.
La sentencia real fue de «solo» catorce años de prisión. ¿Sabías que la palabra «correos» aparece varias veces en la Biblia? (Est. 3:13, 15; 8:10, 14). El término hebreo es ruts, que literalmente significa «corredores».
En el antiguo Israel, las cartas eran llevadas por personas con habilidades para correr. Debido a las grandes distancias, muchos dejaban sus bienes a sus hijos antes de partir, ya que temían morir en el camino.
Los persas fueron los primeros en enviar mensajeros montados a caballo, que llevaban las cartas a estaciones postales dispersas por el reino. Ciro el Grande entendió que la comunicación con los gobernadores de las provincias era un elemento fundamental en su gobierno.
Por eso, ordenó que se nivelaran bien las carreteras y que hubiera puntos de descanso y de relevo para los carteros. En Brasil, por ejemplo, la empresa pública Correios fue creada el 25 de enero de 1663, en Río de Janeiro.
Actualmente, alrededor de 57 mil carteros salen todos los días a las calles del país y entregan millones de envíos postales. Desde el telegrama hasta los servicios de entrega rápida, buenas y malas noticias llegan a diario a las casas de quienes reciben una carta o un paquete.
Sin embargo, hay otro tipo de correo que lleva paz, amor y esperanza. Su mensaje no viene envuelto en paquete; se transmite a través de la sonrisa y del ejemplo. Según el apóstol Pablo, nosotros somos la carta y, por norma, también los carteros.
El mensaje que llevamos en el corazón es conocido y leído por todos. No necesitamos correr ni montar a caballo. El verdadero cristiano es un manuscrito ambulante, una carta vívida y encarnada. ¿Qué tipo de carta leen las personas en nosotros? ¿Compartimos buenas noticias o privamos al mundo de conocer la verdad?


