Puso en mis labios un cántico nuevo, un himno de alabanza a nuestro Dios. Al ver esto, muchos tuvieron miedo y pusieron su confianza en el Señor.
Salmos 40:3
Yo estaba en la fila de la caja del supermercado y tenía poco tiempo. Entonces, reclamé y la señora que estaba delante mío me escuchó: «¡Caray, que demora! ¿No?». Con una sonrisa de simpatía me sorprendió diciendo: «Solo canta».
Yo no supe qué responder. Respiré hondo y reflexioné en sus palabras. La música siempre está presente en nuestro diario vivir: en las propagandas, películas, juegos, dibujos animados, cultos religiosos, encuentros con amigos, y otras situaciones.
Es un lenguaje universal de comunicación. La música tiene una gran capacidad de tocar nuestras emociones, más que cualquier otro arte, pues tiene acceso directo a las áreas que controlan los impulsos, las emociones y las motivaciones.
También llega directamente al sistema de percepciones integradas, activando varios sentidos al mismo tiempo. Por eso, recordamos olores e imágenes después de escuchar determinadas músicas.
¿Alguna vez pediste que apagaran la música porque te traía recuerdos tristes? Ella tiene ese poder de movilizar sentimientos porque activa estructuras que producen y liberan dopamina y noradrenalina, neurotransmisores que generan esa emoción.
El investigador Marshall McLuhan dijo: «La música -melodía, armonía y ritmoen sí, prepara al hombre a la virtud o al vicio al tocar las emociones.» Richard Pellegrino, un neurólogo, dijo que la música tiene una extraña fuerza, capaz de «despertar una marea de emociones e imágenes humanas que tienen la capacidad de producir instantáneamente cambios muy eficaces en estados emocionales».
Dios creó la música con el propósito de elevar los pensamientos a todo lo que es puro, noble y edificante, y despertar en el alma devoción y gratitud a él. Hoy se emplea el don de la música para exaltar el yo y el cultivo de las vanas pasiones, en ambientes y reuniones de diversión, donde Dios aconsejó que sus hijos no estuvieran.
«Así, lo que es una gran bendición cuando se lo usa correctamente, se convierte en uno de los medios más certeramente empleados por Satanás para desviar la mente del deber y de la contemplación de las cosas eternas» (Elena de White, Mensajes para los jóvenes, pág. 289).
Permitamos que nuestros cánticos nos acerquen tanto como sea posible a la armonía de la música celestial. Hagamos de ella un acto de adoración a Dios, y no al enemigo.


