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El villano de los exámenes

No robes.

Éxodo 20: 15

En 2002, salió al público la película «El club del emperador», la cual sigue la historia de William Hundert, un estricto y apasionado profesor de historia clásica en la prestigiosa escuela preparatoria St. Benedict’s, en la década de 1970.

Hundert cree firmemente en la importancia de los valores morales y el carácter en la educación de sus alumnos. Su estilo didáctico se caracteriza por rigurosos exámenes finales. La llegada de un nuevo estudiante, Sedgewick Bell, hijo de un influyente senador, desafía el enfoque de Hundert.

Sedgewick es rebelde, desinteresado en los estudios y frecuentemente se enfrenta a la autoridad. Sin embargo, Hundert se siente comprometido a influir de manera positiva en el joven. Finalmente, Sedgewick gradúa y, años después, un evento de reunión de exalumnos ofrece una oportunidad para que Hundert y Sedgewick enfrenten el impacto de sus decisiones pasadas.

Sedgewick le pide a Hundert que realice un examen como los que hacía cuando eran estudiantes y está a punto de ganar la prueba, pero Hundert se da cuenta de que Sedgewick está haciendo trampa. En una charla en el baño, Sedgewick, que sucede a su padre en su carrera política, reconoce ante Hundert que hizo trampa, pero no se sonroja en absoluto, hasta que su hijo sale del baño avergonzado de su padre.

En los días que escribo estas líneas, la prensa publicó el caso de un joven que fue detenido en el sur de la Ciudad de México después de que la encargada del área jurídica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la universidad más importante del país, solicitara la ayuda de los oficiales de seguridad.

Tras la llamada, los elementos de seguridad detuvieron al joven que habría usurpado la identidad de un estudiante para posiblemente realizar un examen en la universidad, ubicada en la alcaldía Coyoacán.

El joven, que se habría presentado a una de las aulas para realizar un examen escrito, mostró varias identificaciones de otro estudiante para realizar la prueba a su nombre. Se deduce que alguien debió haberle solicitado o pagado a este joven para que tomara el examen por él.

Esa deducción se basa en el hecho de que, tras una revisión, los policías le encontraron varias identificaciones a nombre de otra persona y que no coincidían físicamente con él. Además, el detenido no aparecía en la lista de estudiantes a presentar el examen.

Qué vergüenza, ¿verdad? Ser deshonesto en los exámenes y tareas académicas es una forma de robo que Dios reprueba. El mandamiento es claro: «No robes». La honestidad siempre paga mejor que cualquier forma de engaño.