Y tú, Capernaúm, ¿acaso serás levantada hasta el cielo? No, sino que descenderás hasta los dominios de la muerte. Si los milagros que se hicieron en ti se hubieran hecho en Sodoma, esta habría permanecido hasta el día de hoy.
Mateo 11:23, NVI.
A lo largo de las Escrituras, vemos la manifestación del poder de Dios a través de los milagros. Él es descrito como el Dios que sana (Éxo. 15:26; Jer. 17:14). Una lectura más detallada nos lleva a la conclusión de que se narran unos 100 milagros en el Antiguo Testamento y cerca de 100 en el Nuevo Testamento.
Los agentes utilizados fueron profetas o apóstoles, o alguien designado por Dios. Mientras estuvo en la Tierra, el mismo Jesús realizó diversos milagros, especialmente en Capernaúm.
Esta era una ciudad importante situada al oeste del mar de Galilea, y se convirtió en una especie de «cuartel general» del Maestro, al punto de que fijó su residencia allí. Probablemente hizo esta elección porque la ciudad estaba en un punto estratégico que permitía el libre tránsito -a pie o en barcopor toda Galilea.
En Capernaum, Jesús curó a un hombre poseído por un espíritu maligno (Mar. 1:23-28), a un paralítico (Mar. 2:1-12), a una mujer con hemorragia (Mar. 5:21-43), a dos hombres ciegos (Mat. 9:27-31), a un niño poseído por un espíritu sordo y mudo (Mar. 9:14-29), y también resucitó a la hija de Jairo (Mar. 5:21-24, 35-43).
Imagino que la fama de Jesús se esparció rápidamente por toda la ciudad. Sin embargo, incluso al presenciar los milagros de Cristo, los habitantes de Capernaum no creyeron en él. ¡Qué contradicción, ¿verdad?!
Oyeron el mensaje de salvación y fueron testigos de los milagros, pero ese conocimiento no se transformó en fe. Las evidencias no generaron obediencia. Hoy en día, muchas personas también tienen la Biblia, asisten a iglesias e incluso son testigos de milagros extraordinarios hechos por Dios.
Sin embargo, su fe es vacía y no pasa de un mero asentimiento intelectual. Viven como si Dios no existiera. Son «Tomases» modernos, que necesitan ver para creer. ¿Tienes también dificultades para creer en Dios?
A pesar de todas las señales, ¿aún cuestionas el «así dice el Señor»? Recuerda que «sin fe es imposible agradar a Dios» (Heb. 11:6).
Pídele que haga tu fe viva, real y operante, y recibirás la bendición reservada para aquellos que no vieron, pero creen (Juan 20:29).


