Sabemos que todas las cosas obran para el bien de los que aman a Dios, los que han sido llamados según su propósito.
Romanos 8:28
En su libro Elias, Um Homem de Heroísmo e Humildade [Elías, un hombre de heroísmo y humildad], Charles Swindoll cuenta la historia de algunos agricultores estadounidenses que se desesperaron debido a una terrible plaga que devastó los cultivos de algodón a principios del siglo XX.
Ellos invirtieron todos sus ahorros, tierras y esfuerzos en el algodón, pero llegaron los gorgojos, pequeños insectos de cabeza afilada, y destruyeron todas sus esperanzas.
Ante el caos, los agricultores comenzaron una guerra contra la plaga e incluso usaron pesticidas. Sin embargo, nada ayudó. Entonces, tomaron la siguiente decisión: «Como no podemos cultivar algodón, vamos a cultivar maní».
Era una propuesta arriesgada, ya que nunca habían cultivado este producto. Por increíble que parezca, el maní dio una buena cosecha y trajo más ganancias a los agricultores que el propio algodón.
Cuando los agricultores se dieron cuenta de que ese desastre se había convertido en una bendición, levantaron un enorme monumento al gorgojo del algodón, una estatua de cuatro metros de altura que todavía puede verse en la ciudad estadounidense de Enterprise, en el Estado de Alabama.
Muchas veces, nuestra vida entra en una rutina tan monótona y agotadora como cultivar algodón año tras año. Entonces Dios llega y permite que el «gorgojo del algodón» nos saque de nuestra zona de confort y nos lleve a mayores riesgos, mejores decisiones y, como consecuencia, mayor dependencia de él.
Tal vez los problemas financieros, las enfermedades y las grandes privaciones que estás enfrentando últimamente sean cosas que Dios permite para convertirte en un mejor «agricultor».
¿No es ahora el momento de cambiar «algodón» por «maní»? Sé que los reveses de la vida nos duelen y amenazan nuestra paz, pero si amas a Dios y estás en sus manos, recuerda que todas las cosas cooperan para tu bien, por más que eso parezca difícil.
Elena de White escribió: «Dios nunca conduce a sus hijos de otra manera que la que ellos elegirían si pudiesen ver el fin desde el principio, y discernir la gloria del propósito que están cumpliendo como colaboradores suyos» (EI Deseado de todas las gentes, p. 197).
Si los gorgojos devastan tu cosecha, no te desanimes. Todavía hay muchas cosas buenas que cosechar.

