Ellos no son del mundo, como tampoco lo soy yo. […] Como tú me enviaste al mundo, yo los envío también al mundo.
Juan 17:16, 18
¿Has observado lo que pasa con las ramas de un árbol durante una tempestad? Las que se quiebran primero con el viento son las ramas rígidas: justamente aquellas que nos parecen más fuertes. Los gajos flexibles, aun cuando son agitados a todos lados, son capaces de curvarse, lo que les permite danzar conforme a la fuerza del viento y, por esa razón, consiguen permanecer.
Y es en esas ramas flexibles donde la tarántula, una de las arañas más venenosas del mundo, prende el extremo de su telaraña cuando la teje. Cuando el viento sopla sobre su tela, esta se balancea mucho, pero no se rompe. Es la flexibilidad lo que le da su firmeza.
La flexibilidad es la capacidad de percibir con rapidez las diversas situaciones, negociar y adaptarse a ellas.
Ser flexible no significa estar de acuerdo con todo o imitar el comportamiento del grupo solo porque la mayoría está de acuerdo. No es actuar como el camaleón, cambiando con facilidad de apariencia, comportamiento o carácter, creyendo en cada modismo que surge; sino que es saber actuar en cualquier situación sin desechar nuestros principios.
Cualquier proceso de crecimiento depende de un conjunto de valores fundamentales que nortean nuestras decisiones: un sistema de valores que nos ayudan a decidir qué objetivos son dignos de nuestros esfuerzos y cuáles son insignificantes.
Pero, ¿cómo mantener la coherencia y firmeza en ese conjunto de valores y, aun así, permanecer flexibles?
Los versículos de hoy son parte de la oración sumo sacerdotal proferida por Jesús en su despedida, antes de ser arrestado. Afirmó que los suyos no eran de este mundo, pero que estaban en el mundo. Entonces, Jesús le dio las directrices de cómo vivir en este mundo no siendo de él.
La base del sistema de valores del reino celestial es el amor a Dios, al prójimo y a uno mismo. Ese amor implica obedecer su Palabra. Esos elementos esenciales necesitan ser comprendidos a la luz de la Palabra de Dios para que no sean distorsionados y rebajados a una norma corrompida.
Fundamentadas en esos principios del reino, seamos cristianas, flexibles, que sepan establecer el equilibrio entre ceder y mantenerse firme.


