Luego Noé construyó un altar al Señor, y sobre ese altar ofreció como holocausto animales y aves puros.
Génesis 8:20
Cuando llegamos para el almuerzo del sábado, la pareja de octogeinarios nos llevó hasta la sala donde, emocionados, nos mostraron la linda mesa con el bello desayuno: una sorpresa que sus hijos y nietos habían preparado para festejar el 61o aniversario de su casamiento.
Entonces, el esposo, con sus cabellos blancos y su acostumbrada sonrisa, me llamó: -Mirian, durante nuestra primera noche de luna de miel, le pedí a Clarisse que nos comprometiéramos a tener diariamente en nuestra casa un altar familiar.
Y logramos cumplir ese propósito. Ciertamente, la complicidad, el respeto y la unidad que se ve en la familia, y el temor a Dios por parte de todos, se debe a ese sagrado hábito que, desde el primer día, instituyeron en su familia. ¡Qué propósito bendecido! ¿No es cierto? Hacía meses que Noé y su familia estaban en el arca.
En el tiempo determinado, un ángel descendió del cielo, abrió la pesada puerta del barco y ordenó que salieran. Imagina el entusiasmo de ellos, después de tanto tiempo sin ver el cielo y el sol.
Pero Noé no se olvidó de lo más importante. Lo primero que hizo, al salir, fue construir un altar y ofrecer un sacrificio de toda especie de animal y ave limpio, en reconocimiento por lo que Dios había hecho por ellos. Era una demostración de fe en Cristo, el gran sacrificio. Esa oferta agradó al Señor y trajo bendiciones no solo para Noé y su familia, sino para todos los que vendrían después.
Noé nos dejó una gran lección. Acababa de encontrarse con una tierra desolada; tenía mucho trabajo por delante. Pero, antes de preparar un hogar para sí, se preocupó por construir un altar para Dios.
Cada vez que me entero de una familia deshecha, me pongo triste. Es otra victoria de Satanás. ¿Cuánto tiempo esas familias dedicaban al altar para ser instruidas por el Señor? ¿Poquito tiempo? ¿Nada?
La práctica del culto familiar marca la diferencia en las familias cristianas, principalmente en una época en que las fuerzas del mal están empeñadas en impedir que nos preparemos para el cielo. ¿Tienes un altar en tu familia? Si no lo tienes, comienza hoy esa práctica que te ayudará a ti y a tu familia a tomar decisiones de consecuencias eternas.

