Dicen los insensatos en su corazón: «No hay Dios».
Salmo 53:1
A lo largo del tiempo, la sociedad ha pasado por grandes transformaciones. Mientras que en la modernidad imperaba el determinismo cartesiano, en el que las cosas existían en un ambiente sólido e inamovible, en la posmodernidad el escenario se ha vuelto pantanoso y líquido.
El ser humano ha pasado a ser resistente a todo lo que pueda solidificarse. Las relaciones se han vuelto desechables; y los pensamientos, epidérmicos, superficiales. Los efectos de este cambio se perciben en las más diversas áreas, como la literatura, el arte, la filosofía, la arquitectura y la economía. Lo que vale hoy es la opinión y la interpretación individual de los hechos.
En la visión posmoderna, hay varias posibilidades para las mismas cosas. Al fin y al cabo, la verdad y el orden son relativos. Mientras el ser humano corre en busca de productividad y lucro, impera en la sociedad una constante incertidumbre. Como si no bastara vivir en este ambiente fluido, aún está la cuestión del placer. Hoy en día, las personas buscan sensaciones sin restricciones, todo en nombre de una vida intensa y espontánea.
Ni el cristianismo ha escapado de esta ola hedonista, como se ve en nuevas liturgias que valoran el exceso sensorial y se degeneran muchas veces hacia la sensualidad. En este contexto, la religión se encuentra debilitada. Las iglesias tradicionales están cada vez más vacías y la Biblia ha salido de la escena de la vida cotidiana. La secularización trajo como grave consecuencia la desaparición de Dios de la vida pública.
A medida que el ser humano se convierte en un ser de consumo, Dios pasa a ser ignorado, lo que es una forma posmoderna de ateísmo. En otras palabras, iDios fue «expulsado» de su propio jardín! Los representantes del neoateísmo, como Michel Onfray y Richard Dawkins, combaten la idea de Dios y de la creencia en lo sobrenatural. De esta manera, acusan de fundamentalistas a todos aquellos que siguen la literalidad del texto bíblico.
A través de los medios, propagan la «creencia» de que Dios no puede ser comprobado ni experimentado. ¿Cómo está tu fe en Dios? ¿Debilitada por la ola del secularismo o fortalecida por el «así dice el Señor»? Te invito a dejar las arenas movedizas de este mundo y a aferrarte a la eterna e inamovible Roca, la Palabra de Dios. ¡Esta jamás pasará!


