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Haya en nosotros el mismo sentir de Cristo

Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse.

Filipenses 2: 5-6

El pasaje bíblico de hoy es considerado como una de las declaraciones más importantes de la humanidad, humildad y misión de Jesús.

Puedes abordarlo desde diferentes perspectivas y encontrarás una riqueza inigualable, pero en esta ocasión quiero abordar el pasaje desde la perspectiva de la sumisión dentro del seno de la familia.

Dios te da en este pasaje una tremenda lección de sumisión, una de las cualidades más discutidas y controvertidas en la pareja. En este tiempo de un reconocimiento total de la igualdad entre el hombre y la mujer es muy complicado hablar de que la mujer debe ser sumisa con su marido.

De hecho, esto ha provocado un sinnúmero de pleitos y divorcios, pues se entiende que en el matrimonio se debe tratar con igualdad, concluyendo que la igualdad es no dejarse de nadie, sino exigir los derechos de trato igualitario.

Pero Jesús dice que aun siendo Dios eligió despojarse de su divinidad y ser menor que él, «y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz» (vers. 8).

Jesús, quien es Dios, no reclama su lugar como Dios, sino que por amor al ser humano se humilla y se hace siervo con el propósito de salvarlo. No le importa que le digan que es menos que Dios ni le importó morir. Lo que le importaba era salvarte a cualquier precio.

No le interesó que otros dijeran que no reclamaba sus derechos, su decisión de hacerse sumiso hasta la muerte tenía un plan específico. Ahora piensa: la mujer es igual al hombre, de una misma posición, inteligente, capaz, digna, competente, pero por amor al funcionamiento de su hogar decide ser sumisa, humilde y obediente hasta morir.

¿Es posible? ¿Dónde se encuentran ese tipo de mujeres? Normalmente, todos pelean por su posición, gritan, arrebatan y hasta se divorcian. ¿Logran ser felices? ¿Tienen un hogar funcional? ¿Acaso no se convierte en una batalla campal donde cada uno exige sus derechos?

Lamentablemente, en un hogar donde los dos quieren ser iguales y luchan por eso, las parejas terminan divorciándose porque es imposible vivir con dos generales. Dios quiere que seas sumiso y feliz, mas no orgulloso, digno y destrozado.

No hay que olvidar que la gracia de Dios siempre te ayuda.