En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.
Colosenses 1: 14
El perdón es un tema recurrente en la Palabra de Dios, seguramente porque conoce tu incredulidad para creer y aceptar el perdón. Por lo general, entre humanos, aunque se perdonan entre sí no se sienten realmente perdonados y es común volver a pedir perdón por las mismas cosas por las que ya pidieron perdón.
Alguien una vez dijo que el perdón es como un cohete que viene de parte de Dios con la palabra «perdonado» inscrita en él. Una vez que le has pedido perdón, el problema es que no tiene dónde aterrizar porque no crees ser merecedor del perdón de Dios; por tanto, lo rechazas, pensando que es demasiado bueno para ser cierto.
Se está acostumbrado a que casi siempre se debe dar algo a cambio de un favor, por lo cual, algo tan grande como el perdón resulta muy difícil de aceptar tan fácilmente; es por eso que existen en casi en todo el mundo ceremonias y ritos de diferentes formas y sacrificios que buscan el favor de Dios.
En la antigüedad, las personas llegaban al punto de autoflagelarse para alcanzar el perdón de Dios. La santa Biblia es clara en este hermoso pasaje, ya que está diciendo que en él hay perdón y redención por los pecados cometidos.
Nuevamente, la santa Biblia, ayudando a tu incredulidad, vez tras vez reitera el perdón de Dios de forma plena y gratuita. ¿Cómo estás hoy? ¿Qué tan perdonado te sientes?
¿Cuán fácilmente puedes levantar tus ojos al cielo para decir: «Gracias, me siento perdonado»? Si no es así, es hora de que estés en paz con Dios. No tienes que ir frente a un líder religioso para alcanzarlo; basta que dobles tus rodillas a solas con Dios y pidas perdón.
Él te perdonará de manera amplia y completa y después, como a la mujer pecadora, te dirá que vayas y no peques más. Esto es cierto; no lo dudes. Es verdad; no lo dejes, porque todo es por su gracia. Ven, Dios te espera.


