En aquel tiempo todo esto parecerá imposible a los ojos de los que queden de mi pueblo; pero a mí no me lo parecerá.
Zacarías 8: 6
Si correr siendo ciego es difícil, ¿cuán difícil será correr con corredores profesionales, discapacidad visual? Considera a Marla Runyan, quien nació el 4 de enero de 1969 en Santa María, California, Estados Unidos.
A la edad de nueve años, fue diagnosticada con la enfermedad de Stargardt, una forma degenerativa de la retina que causa pérdida de la visión central. A pesar de su discapacidad visual, Marla desarrolló una pasión por el atletismo y decidió no dejar que su falta de visión la detuviera.
La carrera deportiva de Marla saltó a la fama en los Juegos Paralímpicos de Barcelona 1992. Marla compitió en la categoría de atletas con discapacidades visuales y ganó medallas de oro en las pruebas de 100, 200, 400 y 800 metros.
Marla no se detuvo en los Juegos Paralímpicos y se propuso competir contra atletas sin discapacidades. En 1998, Runyan experimentó una mejora inesperada en su visión debido a un desprendimiento de retina.
Esta nueva perspectiva la llevó a competir en eventos generales, enfrentándose a atletas sin discapacidad visual. Marla hizo historia al convertirse en la primera atleta ciega de Estados Unidos en competir en los Juegos Olímpicos de Sídney 2000.
Participó en la prueba de 1500 metros y llegó a las semifinales, logrando un impresionante octavo puesto en la final, a pesar de su discapacidad visual. Después de los Juegos Olímpicos, Marla se dedicó a las carreras de larga distancia.
En 2002 ganó el maratón de Nueva York en la categoría de discapacitados visuales. También tuvo una destacada participación en los maratones de Boston y Chicago. Marla Runyan es un ejemplo de superación y determinación.
A través de su carrera, Marla ha demostrado que las limitaciones físicas no tienen que definir lo que uno puede lograr. Su perseverancia y éxito tanto en los Juegos Paralímpicos como en los Olímpicos la han convertido en una figura emblemática en el mundo del deporte y en un modelo a seguir para muchas personas alrededor del mundo.
De las doce veces que la Biblia usa la palabra imposible, ocho de ellas se aplican a Dios como aquel que es capaz de hacer lo imposible. Los seres humanos logran grandes cosas porque creen que son posibles.
Creer que todo es posible para Dios y hacer esfuerzos basados en esa confianza, cuando la voluntad de Dios lo autoriza, hace posible lo imposible.


