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La enfermera heroína

No paguen a nadie mal por mal. Procuren hacer lo bueno delante de todos.

Romanos 12: 17

¿Qué sabor de boca nos dejó la pandemia de COVID-19? Quizá nos contagiamos en algún momento o perdimos a algún ser querido, lo cual es muy doloroso. Mientras la gente vivía en reclusión, hubo quienes pensaron en salir a la calle y ayudar a otros.

He aquí esta historia. A principios de abril de 2021 se supo acerca del solidario servicio de Michelle Romero, una enfermera general mexicana que desde el inicio de la pandemia se propuso a atender sin costo y a domicilio a pacientes de COVID.

Michelle, con más de once años de experiencia, hizo público su servicio a través de redes sociales. Tras 12 meses, Michelle le brindó atención a 80 pacientes con servicios como toma de presión y aplicación de sueros e inyecciones. «Siempre les queda esa duda a los pacientes, si será real.

«Si no le voy a pagar, ¿en serio va a venir?», me dicen. Y ya que estoy ahí, se les ve la cara de alivio de saber que sí llegué y que los puedo ayudar sin importar la hora. Casi todo el día estoy disponible para ellos», comentó Michelle acerca de sus pacientes.

Michelle ha llegado a conducir por más de dos horas para atender a algunos pacientes. Sabe que su labor es de riesgo, pero la realiza con gusto, pues otras enfermeras y médicos salvaron la vida de su padre después de haber recibido 17 puñaladas. «Mi padre me contaba cómo las enfermeras lo habían ayudado y cómo se habían preocupado por él todos los días.

Me contaba de todos los cuidados que le hacían. Ahí fue que se me implantó este chip de que algún día yo quería ser como ellas; quería ser una persona que estuviera ahí salvando vidas», detalló Michelle.

El apóstol Pablo habla en el texto de hoy sobre personas vengativas que pagan «mal por mal». Por supuesto, para el corazón humano egoísta eso es lo normal. Pero la propuesta cristiana es a la inversa: devolver con bien. O, como dice Pablo, «procurar lo bueno» delante de todas las personas.

Sin duda, hemos sido objeto de la ayuda de otros cuando la hemos necesitado. La mayor ayuda que hemos recibido es la de Dios quien, además de proveer para nuestras necesidades materiales, nos concede la salvación eterna en Cristo.

¿No es eso razón suficiente para devolver bien y procurar hacer lo bueno para con los demás? Desafío este día a que busquemos alguna forma de ayudar a alguien simplemente porque Dios y otros nos ayudaron antes a nosotros.