Verán entonces al Hijo del hombre venir en las nubes con gran poder y gloria. Y él enviará a sus ángeles para reunir de los cuatro vientos a los elegidos, desde los confines de la tierra hasta los confines del cielo.
Marcos 13:26, 27
«Solución final» fue el nombre absurdo dado por los nazis a la política de genocidio cometida principalmente contra los judíos en la Segunda Guerra Mundial. Con las cámaras de gas, los nazis ampliaron la cantidad de muertos. Primero, fueron probadas con prisioneros soviéticos envenenados por monóxido de carbono, en vagones de tren adaptados.
Después, con los guetos desmantelados y el surgimiento de los campos de concentración, las cámaras de gas fueron puestas en baños adaptados, y el pesticida Zyklon B sustituyó al gas anterior. En julio de 1941, Herman Goering autorizó al general de las SS, Reinhard Heidrich, a iniciar la implementación de la «Solución final».
Se estima que cerca de tres millones de judíos murieron solo por fusilamiento y en las cámaras de gas. Por medio de libros o películas que retratan esa porción de la historia humana, nos sentimos incrédulas de que tamaña barbaridad pueda haber sucedido y hace tan poco tiempo.
Adolf Eichman, uno de los principales idealizadores de la «Solución final», escapó de las fuerzas aliadas y huyó a Argentina, de donde fue raptado, en 1960, por agentes del Mossad. Llevado a Israel, fue juzgado y condenado a la horca.
Vivimos en un mundo corrompido por el pecado, que necesita la verdadera solución. ¿Sabes cuál es? Es la que fue provista por medio de la vida, muerte y resurrección de Jesús y su ministerio en el Santuario celestial.
Un día, él completará su plan perfecto de salvación, y estaremos en su reino eterno, donde no habrá más lágrimas, muerte, guerras o cualquier sufrimiento… Hitler diezmó millones de vidas en pro de su ego, para la edificación y honra de su ideología.
Jesús sacrificó su propia vida para levantar a la humanidad al estatus de amada, aceptada y regenerada. Satanás, el arquitecto de este campo de concentración donde vivimos, minado por cámaras de gas, será para siempre derrotado.
El mundo necesita conocer la gran esperanza ofrecida por Dios, en Jesucristo. Sé tú una agente de esa gran esperanza. Lleva este mensaje a los que aún no lo conocen.


