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Hambre de Dios

Devocional adventista para la mujer 2022

Dios bendice a los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.

Mateo 5: 6, NTV

Acabo de descubrir la importancia del ayuno. Durante años, solo asentí intelectualmente y afirmé que esta disciplina es buena y que tiene un fuerte fundamento bíblico. Recientemente, me encontré lo suficientemente desesperada como para ayunar de verdad. Ahora estoy convencida de que ayunar es una manera de hacer lugar, de crear espacio para que Dios pueda hablarnos más claramente. En nuestras vidas tan ocupadas y aceleradas, muchas veces el mayor riesgo que corremos es no sentir hambre de Dios. Estamos tan satisfechas con otras cosas que, si no ayunamos, si no hacemos un espacio, ni siquiera notamos lo que nos estamos perdiendo.

En su libro Hambre de Dios, el evangelista John Piper señala: “El mayor enemigo del hambre de Dios no es el veneno, sino el pastel de manzana. Lo que apacigua nuestro apetito por el Cielo no es el banquete de los malvados, sino el constante picoteo entre horas a la mesa del mundo. [..] El mayor adversario del amor de Dios no radica en sus enemigos, sino en sus dones. Y los apetitos más mortíferos no son el tóxico del veneno, sino lo que sentimos por los sencillos placeres de este mundo”.

Pareciera que a menos que creemos espacios, a través del ayuno y de la oración, nos conformaremos con demasiado poco. Seremos como las multitudes que venían a Jesús solo por los panes y los peces. ¡Qué desperdicio! Jesús puede y quiere darnos mucho más que panes y peces. Sin embargo, no vamos a sentir hambre de Dios si andamos siempre con el estómago repleto, o con cada minuto del día lleno de ruido y entretenimiento. Parafraseando a Piper, el ayuno actúa como un intensificador del hambre espiritual, que aviva las llamas del amor.

Hoy quiero invitarte a crear un espacio, a vaciar algo en tu vida para que Dios pueda llenarlo con algo nuevo y mejor. Tal vez sea una hora del día sin televisión o sin tu teléfono móvil, o un día sin comer, o sin criticar. Aunque aún tengo mucho que aprender acerca del ayuno, he notado que cuanto más espacio hago para el silencio y la reflexión, más fuerte escucho su voz. Dios es fiel. Si hacemos lugar, él vendrá y morará más plenamente en nuestros corazones.

Señor, quiero tener hambre y sed de ti. No permitas que mi corazón se sacie con nada menos que con el pan de Vida. Muéstrame hoy si hay cosas de las que necesito ayunar para liberar más espacio para ti en mi vida.

Vanesa Pizzuto es licenciada en Comunicación Social por la Universidad de La Matanza, Argentina, y tiene un máster en Educación por la Universidad de Hertfordshire, Inglaterra. Es la autora de la serie de cuentos bilingües Amancay, publicada por este mismo sello editorial, así como de numerosos artículos. Trabajó como docente y como presentadora de radio para Radio Adventista de Londres. De nacionalidad argentina, Vanesa vive en Inglaterra.