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El canto del grillo

Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca.

Lucas 21:28

El capitán Alvar Núñez había embarcado con sus navíos hacia el Río de la Plata. En 1540, para cruzar el océano Atlántico, se debían realizar varias escalas durante el trayecto. Salieron de Cádiz (España), pararon en Las Palmas y se dirigieron hacia las islas de Cabo Verde. Era el cuarto día de navegación, y todos estaban dormidos.

De repente, un grillo comenzó a cantar. Los marineros se despertaron y vieron que se acercaban peligrosamente a unas rocas. El insecto había estado callado todo el camino pero, seguramente, con la cercanía de la tierra, despertó a su instinto cantor. Y su canto alertó a la tribulación, que se libró de chocar contra los arrecifes.

Se me antoja que esta experiencia es similar a nuestra situación actual. Hace tiempo que emprendimos el viaje hacia el río de la Vida y, poco a poco, nos hemos ido adormilando. La rutina de los días (parece que nada cambia), la lejanía del horizonte (parece que nunca llega), el aburrimiento de ver a los mismos embarcados vez tras vez (parecen siempre lo mismo), nos envuelven en una atmósfera soporífera. Es entonces cuando leemos el Evangelio y un grillo chillón comienza a sonar en nuestras conciencias.

Recalamos en las señales de las que habló Jesús y somos conscientes de que estamos a punto de pegarnos con las peñas, que debemos levantarnos y mirar al cielo. Para los marineros, el cielo era su guía; para nosotros, los mensajes del Cielo son nuestro manual de acción. Debemos comprender cuál es el momento que vivimos y cuáles son nuestras responsabilidades. Naufragar no es una de ellas.

Jesús no nos adelantó las señales para que vivamos con temor o con una ansiedad exagerada. Nos dijo cómo iban a pasar las cosas para que recordemos que él continúa siendo el Señor de la Historia, que él tiene el control de los tiempos. Y eso quiere decir que si le dejamos el timón de nuestra vida no hay arrecife que nos hunda.

Además, con las señales nos recordó la promesa de que el tiempo de su venida era inminente. Queda poco ya, y esa debiera ser una bendita esperanza. Debemos recordar que Dios nos ayudó en el pasado, nos ayuda en el presente y nos ayudará en el futuro.

No sé si son imaginaciones mías, pero parece que ya se ve algo en el horizonte.

Víctor M. Armenteros es doctor en Filología Semítica por la Universidad de Granada y doctor en Teología (Antiguo Testamento) por la Universidad Adventista del Plata (Argentina). Durante más de una década ha sido profesor de Sagrada Escritura y Lenguas Bíblicas en el Seminario Adventista de España. Actualmente comparte la docencia con la gestión, al ejercer como director de los estudios de posgrado de la Universidad Adventista del Plata y de la sede austral (Argentina, Paraguay y Uruguay) del Seminario Adventista Latinoamericano. Es miembro de la Asociación Española de Estudios Hebreos y Judíos. Ha colaborado como traductor en la Biblia Traducción Interconfesional y forma parte del equipo editorial de la revista DavarLogos. Es, a su vez, autor de diversos artículos sobre escritos bíblicos y literatura rabínica.