Engañosa es la gracia, y vana la hermosura, pero la mujer que teme a Jehová, esa será alabada.
Proverbios 31: 30
Querer ser bella eternamente es lo que ha llevado a mujeres bonitas, empresarias, diseñadoras de modas, artistas, cantantes, por mencionar algunas, a la sala de cirujanos plásticos.
Con los años, los tratamientos de belleza no han sido favorables para ellas, pues sus rostros lucen apagados y lejos del ideal de belleza de Hollywood. El objetivo de ser cada vez más bella para sobrevivir y sobresalir en el mundo del espectáculo se ha convertido en un sueño interminable para algunas mujeres, tanto que han olvidado de dónde viene la verdadera belleza.
El problema es que esa tendencia ha llegado a todos los niveles sociales y las mujeres invierten cuantiosas sumas de dinero con el firme propósito de mantener la lozanía de la piel de su rostro. Sin embargo, la belleza exterior no dura para siempre, se esfuma, se va en tren bala. Lo único que verdaderamente perdura es la esencia de un carácter agradable, de una cálida sonrisa, de una auténtica persona.
No es malo sentirse bonita, pues si alguna se sintiera fea, estaría en grave peligro de una baja autoestima. Lo malo está en la raíz de la belleza, cuando una mujer solo quiere verse bonita por fuera, pero dentro de ella circulan sentimientos negativos.
Para tener la verdadera belleza del ser interior, no es necesario pasar horas frente al espejo, sino frente a la Biblia. No es necesario gastar cuantiosas sumas en productos de belleza, sino gastarnos en el servicio a los demás. No es necesario inyectar sustancias en el rostro, basta con inyectar cada mañana una porción del Espíritu Santo. No es necesario usar prendas de costos exuberantes, basta con revestirnos del manto de justicia.
Hoy quiero invitarte a que entremos juntas al quirófano divino para hacer mejoras y vernos más bellas. ¿Le dirás sí al bisturí? Retocaremos:
Ojos. En ocasiones están muy grandes para ver los errores y defectos de los demás.
Párpados. A veces son tan pesados que no puedo ver la necesidad de otros.
Labios. Ciertas veces están listos para pronunciar juicios y herir a mi prójimo.
Orejas. Ellas creen escuchar algo que realmente no era así.
Querida amiga, la buena noticia es que, al pasar tiempo en consulta con el «Gran Cirujano», él moldeará nuestros peores defectos y nos hará ver realmente hermosas. Lo mejor de todo es que es gratis. La mujer que teme a Jehová siempre será alabada.