No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor.
1 Corintios 13:5
En tiempos de libertad de expresión, se acepta cada vez más la idea de que, si una persona realmente ama, no importa cómo lo exprese.
En nombre del amor, todo es aceptable y lícito. Pero Pablo desafía el concepto de «cada uno por sí mismo», y defiende el amor como principio.
Este no buscará sus propias ventajas y va de la mano con la moral. La justicia, la consideración de los derechos y del bienestar del prójimo no son simples ideales humanistas, sino el resultado del amor como principio.
Quien ama así se interesa tanto por los otros que actúa con cortesía y respeto. Amor y moralidad, por consenso, son considerados herejías por la sociedad moderna. Si alguien pudiera probar que más de la mitad de la población es deshonesta, eso no haría que la deshonestidad fuera una virtud.
De la misma manera, ciertas formas de practicar el amor no se vuelven legítimas simplemente por ser las más difundidas o practicadas. Cristo, cuando estuvo en la tierra, se preocupaba por los sentimientos ajenos y era amable con todos.
Sus seguidores también deben ser corteses siempre, y no responder a los impulsos del corazón natural para reaccionar solo según su antojo. El amor busca lo que es verdadero y apropiado en todas las relaciones, pues promueve la felicidad de los otros y, consecuentemente, la propia.
Ese «verdadero y apropiado» tiene como base la perfecta ley de amor, dejada por Jesús. El amor, como principio, impide el fanatismo y el extremismo que llevan a las explosiones emotivas y desenfrenadas que deshonran a Dios. El amor no actúa inconvenientemente porque está bajo el control de la razón, no del mero emocionalismo.
Lo opuesto al amor es la búsqueda, tan solo, de la satisfacción propia. El ser humano sin Dios se interesa solo por sí mismo porque el pecado invirtió el orden divino. Pero en el amor principio, el yo queda en segundo lugar.
Los que tienen el amor de Dios son dominados por el deseo de hacer la voluntad divina. Están dispuestos a sacrificar la comodidad, el tiempo y la tranquilidad para promover el bienestar del otro.
Si ese amor principio fuese más practicado en nuestro medio, las relaciones serían más satisfactorias; habría menos separaciones; las familias serían más unidas; habría menos desentendidos en las iglesias. ¿Haremos nuestra parte practicando ese amor?


