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Enamorados

El amor nunca dejará de existir.

1 Corintios 13:8

Actualmente, el amor romántico es sobrevalorado en la literatura, en las artes y en los medios de comunicación en general. En el secularismo actual, la pasión se ha convertido en una obsesión, una meta de vida. Parece ser que quien nunca se enamoró nunca vivió.

En el libro La negación de la muerte, el autor Ernest Becker observa que, actualmente, en lugar de buscar a Dios, las personas corren tras una «solución romántica». Él escribe: «El compañero amoroso se convierte en el ideal divino con el que llenar la vida.

Todas las necesidades espirituales y morales ahora se concentran en un individuo […]. En pocas palabras, el objeto del amor es Dios». Desafortunadamente, la sociedad moderna ha colocado el amor romántico en el lugar de Dios.

Se cultiva la fantasía de que, si encontramos a la pareja verdadera, todo lo que nos falta o está mal en nosotros será llenado con el romance. Esto, sin embargo, es idolatría. Ese amor no es todo lo que necesitamos.

Recuerda que la palabra «romántico» se refiere a Roma, «al estilo de Roma». Ese imperio blasfemo y perseguidor, descrito en los libros proféticos de la Biblia, sigue ejerciendo dominio en la cultura occidental, incluso en la manera en la que el amor y la pasión se desarrollan en los corazones de las personas.

El romanticismo ciega, esclaviza y destrona a Dios de los corazones. No estoy diciendo que no debas enamorarte de alguien. Mi punto aquí es que no debes invertir todo tu tiempo y recursos en un ser humano. Por más que una persona sea maravillosa, no es la solución definitiva a tus problemas.

Nadie en el mundo llenará todos los vacíos de tu alma, excepto tu Creador. Por esa razón, la Biblia dice que debemos amar a Dios sobre todas las cosas (Mar. 12:30). Necesitas entender que el amor verdadero es un principio divino sembrado en el corazón de aquellos que lo buscan.

Descubrí esto cuando estaba de novio con mi esposa, Rosali. Como vivíamos lejos el uno del otro (yo estudiaba en la UNASP, en Engenheiro Coelho, y ella vivía en Curitiba), solo nos veíamos una vez al mes.

Recuerdo que los momentos más significativos de nuestra relación los pasábamos con la Biblia en la mano, en los bancos del Jardín Botánico de Curitiba. Allí descubrimos que la verdadera pasión solo nace cuando Dios ocupa el primer lugar.

Si Dios es la base de tu relación, el amor nunca terminará.