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El héroe soñador

Vengan, vamos a matarlo; luego lo echaremos a un pozo, diremos que un animal salvaje se lo comió. ¡Y vamos a ver qué pasa con sus sueños!

Génesis 37:20

Antes de que existieran las charlas motivacionales y las sesiones de coaching, existían los libros y las canciones. Fuera de la religión, el empuje para lograr algo cuando yo era niño venía de estas fuerzas motrices.

Pero si se combinaban esas dos fuerzas -música y libros- el poder era explosivo. Antes de los reproductores de música digital, nos pegábamos a la radio cuando tocaban esas canciones y callábamos a todos en la casa para poder oír mejor. Así surgía la admiración por los compositores y sus ideas.

La canción Castillos en el aire del argentino Alberto Cortez es una exploración poética del deseo humano de soñar y de las presiones sociales que a menudo sofocan la creatividad y la individualidad.

La canción, probablemente inspirada en el libro de Richard Bach, Juan Salvador Gaviota, publicado diez años antes, cuenta la historia de una persona que aspira a volar como las gaviotas, personificando la libertad y la búsqueda de los sueños.

A pesar de que le dicen que volar es imposible, el protagonista extiende sus alas y se eleva, construyendo «castillos en el aire», una metáfora de crear sueños y aspiraciones que no están limitados por convenciones.

La narrativa de la canción continúa mientras el soñador construye ventanas fabulosas llenas de luz, magia y color. Sin embargo, la felicidad y la no conformidad del soñador causan alarma, entre otros, lo que lleva a la imposición de normas para evitar que esa alegría se propague.

Finalmente, el soñador es condenado por su «locura» y obligado a unirse de nuevo a las filas de los «cuerdos», aquellos que viven dentro de los límites de la racionalidad y de las expectativas sociales. Cortez nos recuerda de la tensión entre la búsqueda de los propios sueños y las presiones para conformarse.

La canción cuestiona la noción de lo que se considera «posible» y desafía al oyente a considerar el valor de la imaginación y la búsqueda de la felicidad. Cuando termina la canción, nos quedamos con una pregunta que invita a la reflexión: ¿es verdaderamente imposible el acto de soñar o es solo una cuestión de creencia y de valentía para desafiar las probabilidades?

Seguramente nosotros, como José, tenemos sueños. Y quizás haya también quienes, como los hermanos de José, cuestionen tus sueños y se propongan frustrarnos.

Dios no se opone a nuestros sueños si lo que anhelamos mejorará la vida de otros y honrará al Señor. Así que, adelante, soñemos.