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El beneficio de la tristeza

Entonces Jesús les dijo: «Estoy abrumado de tristeza, hasta el punto de morir. Quédense aquí y velen conmigo.

Mateo 26:38

¿Qué haces cuando te sientes triste? ¿Lloras? ¿Piensas en la razón de la tristeza? ¿O intentas ocultar y olvidar ese sentimiento? Generalmente, tenemos la tendencia de hacer todo lo posible para que la tristeza se vaya y no vuelva nunca más.

Después de todo, a nadie le gusta alimentar sentimientos negativos que nos «bajonean». Pero ¿sabías que la tristeza puede ser beneficiosa? Es una señal de alerta de tu mente que indica que algo se ha perdido o que estás herido emocionalmente.

Es como la fiebre, que actúa como una respuesta natural del cuerpo para combatir invasores. De la misma manera, la tristeza funciona como una advertencia de que algo no está bien y es necesario buscar ayuda. Aunque sea difícil enfrentar la tristeza, es una actitud necesaria.

No se la puede esconder bajo la «alfombra del alma» y pretender que todo está bien. Expresar este sentimiento significa dejar que el llanto fluya, pedir la compañía de alguien o solicitar apoyo emocional a un amigo. Cuando experimentamos este proceso, la recuperación puede ocurrir más rápidamente.

¿Eres de las personas que expresan fácilmente la tristeza o sueles fingir que todo está bien? Recuerda que la fuerza emocional no significa reprimir los sentimientos, sino reconocerlos y compartirlos con otros para buscar ayuda. El propio Jesús no dudó en expresar lo triste que se sentía aquella noche en el Getsemaní.

Como ser humano, el Salvador abrió las ventanas de su corazón a sus amigos más cercanos -Pedro, Santiago y Juan-y mostró toda su vulnerabilidad. Bajo las tentaciones más crueles, Jesús no se mantuvo prisionero de sus propios sentimientos, sino que expuso su angustia tanto a Dios como a los hombres.

Sin embargo, en lugar de recibir simpatía, encontró de parte de ellos sueño y silencio. Como «varón de dolores» (Isa. 53:3), Jesús soportó la tristeza en su nivel más extremo. Esto significa que conoce tus dolores emocionales y comparte contigo el secreto para superarlos.

No tengas miedo de decir que estás triste. Verbalizar y llorar son los primeros pasos hacia la curación. Jesús ya recorrió ese camino. Él te entiende. Si el llanto te acerca a Jesús, esa tristeza habrá valido la pena.