Lo que piden las hijas de Zelofejad es algo justo, así que debes darles una propiedad entre los parientes de su padre. Traspásales a ellas la heredad de su padre.
Números 27:7
Majlá, Noa, Joglá, Milca y Tirsá eran hijas de Zelofejad. Y estaban enfrentando problemas. Era la víspera de la división de la tierra prometida y Zelofejad había muerto sin dejar hijos hombres.
La ley de la sucesión decía que solo estos tendrían derecho a la heredad. Las hijas corrían el riesgo de perder su propiedad en la tierra prometida y de depender de otros para siempre. Excluidas de la ley, ¿debían someterse a las limitaciones impuestas por la cultura en que vivían?
Pero ellas no se acobardaron. Fueron a Moisés y reivindicaron sus derechos. Dios instruyó a Moisés con respecto a esta situación con las palabras del versículo de hoy. Las hijas de Zelofejad formaban parte de la generación más joven, que tenía derecho a entrar a la tierra prometida.
Pero como había un detalle que la ley no consideraba, no tendrían derecho a la herencia del padre. Al reivindicar tal derecho, encontraron el apoyo de Dios. Y, más allá de recibir la parte de la herencia que les correspondía, abrieron el camino para que todas las mujeres en la misma situación, sin hermanos, también tuvieran derecho a la herencia.
¿Qué las habrá motivado a reivindicar sus derechos? Esas mujeres tenían un profundo conocimiento de la justicia y la misericordia divina, y temían a Dios. Esas son las bases para que tengamos coraje, osadía y sabiduría para tomar decisiones sabias frente a las dificultades.
Si deseamos vencer ante las circunstancias de la vida, tenemos en el ejemplo de estas cinco mujeres una fuente de motivación. Creyendo en el amor y el cuidado del Padre celestial, es posible lidiar con las dificultades por medio de la osadía espiritual.
Somos inspiradas a conciliar la audaz iniciativa y la sumisión (respeto) a la figura masculina; a no desistir, a pesar de las circunstancias; a no conformarnos con la injusticia y luchar por lo que es correcto; a ser equilibradas y buscar la sabiduría; a conocer más profundamente quién es Dios, a tener una mayor intimidad con él y, por sobre todo, a someternos a su justicia y misericordia. Por más desafiantes que sean tus luchas, no te acomodes.
Busca a Dios y no pierdas jamás la esperanza. Mira más allá de las circunstancias, por más difíciles que sean. Pues el Señor está siempre listo a acudir a aquellas que lo buscan.


