Pues conocemos al que dijo: Mía es la venganza, yo daré el pago, dice el Señor. Y otra vez: El Señor juzgará a su pueblo. ¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!
Hebreos 10: 30-31
Los seres humanos están formados de sentimientos positivos y negativos. Lo interesante es que normalmente se enfatizan más los sentimientos negativos que los positivos y se discute más por señalar las cosas negativas de quienes están alrededor, aunque los atributos propios sean peores que los de los demás.
Uno de los sentimientos negativos que más experimentan los humanos es el deseo de venganza. La justicia lógica que existe al interior de cada uno a veces se encarga de emitir sentencias a diestra y siniestra: «Este merece que lo encarcelen», «mira, aquella persona merece que la castiguen», «lo mejor para todos es que esa persona se muera».
Cuando los eventos suceden con alguna persona cercana, muchas veces se castiga, se injuria y se lastima verbalmente al punto de que en más de uno se crea en la cabeza el pensamiento de desear la muerte de la persona que se odia y es ahí cuando también se desea la venganza.
La Escritura, sin embargo, anuncia que la venganza es del Señor. Al juez de toda la tierra no le pasa desapercibida ninguna injusticia. Al hombre le puede parecer que se ha salido con la suya, pero él conoce de primera mano cada cosa que pasa en la vida de una persona, por lo que no se le puede engañar por ningún camino. Sus registros son fieles y desenmascarara aun al más astuto para darle lo merecido según sus obras.
¿Quién podrá decirle a Dios: «Yo no lo hice»? Ninguna influencia por más poderosa que sea puede cambiar el destino de su veredicto. No existe en el universo entero cuota alguna para sobornar al Rey de reyes cuando deba ejecutar su venganza.
Por eso la Escritura aconseja hacer las paces con Dios entre tanto su gracia dura, porque terrible cosa es caer en manos del Dios vivo. El asunto es que al aceptar a Jesucristo como salvador eres salvo del pecado, de la muerte y de la venganza.
Al aceptarlo se convierte en tu abogado eterno. Antes de que se te haga fácil de proferir algún sentimiento de venganza, recuerda que de Dios es la venganza. Deja todo en sus manos y él juzgará rectamente.
Deja tu odio y coraje en sus manos porque el juez de la tierra no dejará causa injusta impune. Ven a Jesús para que tu corazón encuentre reposo y paz en sus santas manos, porque todo es por su gracia.


