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Esnórquel

Sed hacedores de la palabra y no tan solamente oidores.

Santiago 1: 22.

El esnórquel, a mi parecer, es esencial para el cristiano que flota en un mundo líquido. ¿Por qué? Le permite respirar. Sin él, en apenas unos minutos tendría que subir a la superficie a respirar aire o, en el peor de los casos, fallecer. Porque cualquier cristiano precisa “aire” (Espíritu) para existir.

Algunos prefieren las bocanadas de tanto en tanto. Van un día a la semana a la iglesia, oran en un momento de necesidad y ya está. Piensan que con hincharse espiritualmente de forma puntual es suficiente, pero esta forma de proceder no les permite bucear adecuadamente. Este tipo de religión está más cerca de las formas, las fechas del calendario, los ritos de paso que de otra cosa. Toman el concepto “religión” como “reliquia”.

Otros prefieren concebir “religión” como “relación”, son los que necesitan esnórquel (un instrumento que los vincule con el Espíritu). Su religiosidad tiene formas que surgen de un fondo, fechas en el calendario que se asocian a experiencias íntimas, ritos de paso que surgen de una constante espiritual. Un cristiano de verdad es un cristiano con esnórquel. Si eres de estos, piensa que:

  1. El esnórquel debe estar bien ajustado. Hay relaciones espirituales muy inestables. Suele acontecer eso cuando basamos nuestra religiosidad solo en emociones. A estas hemos de añadir una experiencia personal y surgirán sentimientos. A estos hemos de incorporar conocimiento y surgirán certezas. De este proceso ya hablaba Pedro en 2 Pedro 1:5 al 8, no estoy diciendo nada nuevo.
  2. Debe presentar cierta adaptabilidad. Una boquilla es muy incómoda si es rígida. La religión nos proporciona encuentros con Dios, eso es incuestionable. Lo que no es tan relevante es si ese encuentro es a la madrugada o al atardecer, con palabras meditadas o espontáneas, con traje o en jeans.
  3. Debe estar libre de agua. Si hay agua, no existe un canal de respiración. En la vida espiritual no hay posibilidad de que convivan la irregularidad con la regularidad. El mayor obstáculo para un cristiano es mantener un pecado. ¡No existe posibilidad de respirar!
  4. Debe tener un buen caudal. No se puede realizar un buceo con una pajita de refresco, porque es insuficiente. ¿Cuánto necesitas a Cristo? ¿Apenas un poco en la mañana del Día de Descanso, en la puesta de sol, al principio del examen, al iniciar las comidas? ¿Qué caudal precisas para seguir vivo?
  5. Debe emplearse con periodicidad. No podemos respirar, cuando buceamos, sin la frecuencia necesaria. Es preferible una relación de suaves contactos pero frecuentes, que otra con contactos muy intensos pero aislados.
    Ya sabes, no te olvides del esnórquel porque es vital.

Víctor M. Armenteros es doctor en Filología Semítica por la Universidad de Granada y doctor en Teología (Antiguo Testamento) por la Universidad Adventista del Plata (Argentina). Durante más de una década ha sido profesor de Sagrada Escritura y Lenguas Bíblicas en el Seminario Adventista de España. Actualmente comparte la docencia con la gestión, al ejercer como director de los estudios de posgrado de la Universidad Adventista del Plata y de la sede austral (Argentina, Paraguay y Uruguay) del Seminario Adventista Latinoamericano. Es miembro de la Asociación Española de Estudios Hebreos y Judíos. Ha colaborado como traductor en la Biblia Traducción Interconfesional y forma parte del equipo editorial de la revista DavarLogos. Es, a su vez, autor de diversos artículos sobre escritos bíblicos y literatura rabínica.