Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
Mateo 5:3
Según datos del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), la pobreza extrema en Brasil afecta a 13,5 millones de personas, un número superior al de la población de Bolivia. Son niños, adultos y ancianos que sobreviven con aproximadamente 25 dólares al mes. Este índice aumenta cada año, principalmente debido al desempleo.
La primera bienaventuranza no se refiere directamente a esa pobreza, que quita la dignidad de las personas y promueve el hambre y la miseria. Sobre ella, el Maestro habló en otra ocasión: «A los pobres siempre los tendrán con ustedes» (Juan 12:8), lo que indica que la pobreza siempre existirá en nuestro mundo debido a la avaricia humana. Mientras haya egoísmo, habrá escasez.
Pero ¿por qué Jesús dijo «bienaventurados los pobres en espíritu»? Para Jesús, la «buena pobreza» está relacionada con la vida espiritual, no con la cuenta bancaria. Aquellos que ven su condición de pecadores y sienten que son totalmente dependientes de Dios son considerados felices. Una interesante paradoja, ¿verdad? Es afortunado quien se considera miserable.
El primer paso para formar parte del reino de Dios es ver quiénes somos realmente. A causa de la percepción de su propia pobreza espiritual, el publicano «descendió a su casa justificado», a diferencia del fariseo (Luc. 18:9-14). Quien se cree rico, acomodado y que no necesita nada es considerado ante los ojos de Dios «miserable, pobre, ciego y desnudo» (Apoc. 3:17). ¿Recuerdas a alguien así? Orgulloso, satisfecho y justo ante sus propios ojos. Generalmente, encontramos a esta persona frente al espejo.
Mientras el «yo» esté en el trending topic del corazón, el Reino de los Cielos estará lejos de nosotros. Dos reinos no gobiernan en el mismo trono. Pero, si reconoces que eres un pecador y permites que Dios gobierne tu vida, encontrarás la verdadera felicidad. Elena de White escribió: «Todos los que tengan un sentido de su profunda pobreza de alma, que sientan que en sí mismos no hay nada bueno, pueden hallar justicia y fuerza mirando a Jesús» (El discurso maestro de Jesucristo, p. 14).
¿Deseas experimentar el Reino de los Cielos aquí y ahora? Haz como Pedro, Pablo, María y tantos otros personajes de la Biblia: reconoce que eres un gran pecador y que necesitas un gran Salvador.


