¿Todavía mantienes firme tu integridad? ¡Maldice a Dios y muérete!» Job respondió: «Mujer, hablas como una necia. Si de Dios sabemos recibir lo bueno, ¿no sabremos recibir también lo malo?»
Job 2:9, 10
Ella era la esposa de un próspero ganadero en Palestina. Tenían siete hijos y tres hijas. Su marido era un hombre honrado y fiel. Todo estaba bien. De repente, toda la estabilidad en la cual se apoyaba se derrumbó.
Los bienes desaparecieron. Todos sus hijos murieron. Y su esposo estaba terriblemente enfermo y humillado. ¡Qué situación! Imagina cómo se sintió la mujer de Job. Eran momentos de profundo dolor. Ni toda la resiliencia del mundo sería capaz de librarla del dolor que le apretaba el pecho y de las lágrimas que caían. Perder a un hijo ya es doloroso. ¡Imagina perder a diez al mismo tiempo!
Las convicciones de la mujer de Job estaban siendo probadas. Si creemos de corazón, mente y alma que Dios tiene el control de todo, que estamos sujetas a un mundo de pecado y que Dios está preparando un futuro para nosotros más allá de esta vida, tenemos una ventaja en los momentos de pruebas. Pero, si las convicciones son frágiles e inciertas, nuestras esperanzas podrán derrumbarse y nos entregaremos a la desesperación.
En medio del más profundo dolor, Job tenía una convicción en proceso de construcción; pero su mujer, no. Como si su dolor por haber perdido a sus hijos no fuera suficiente, su cuerpo lleno de profundas llagas que sangraban, picaban y dolían. Y su «dignísima» esposa llegó con este consejo: «¡Maldice a Dios y muérete!». Ella culpaba a Dios por las desgracias. Tal vez, Job pensó: «Mi mujer no entiende nada…
Es una pobre de espíritu. Habla sin pensar lo que le viene a la mente. ¡Es muy precipitada!». Aunque seamos empáticas con la esposa de Job -pues también fue víctima de las pérdidas de su marido-, hay que reconocer que ella flaqueó y se transformó en una piedra de tropiezo para Job cuando él más necesitaba apoyo. Cuando fue más necesario, le faltó confianza para dirigir los ojos de su esposo hacia el Dios en quien creían.
¿Será que algunas veces actuamos como la mujer de Job? Al ver a nuestro esposo enfrentando situaciones difíciles, ¿sentimos nuestra seguridad amenazada y caemos en desesperación? En esos momentos, en lugar de entregarnos a la desconfianza y a la ansiedad, miremos hacia arriba y recibamos fuerzas de lo alto para ser el aliento que nuestro esposo necesita para seguir luchando y superar la situación difícil.


