Mira, yo enviaré mi ángel delante de ti, para que te cuide en el camino y te lleve al lugar que te he preparado.
Éxodo 23: 20
¿Hemos intentado correr con los ojos cerrados? ¿Es posible que alguna carrera con los ojos vendados? Pues más increíble que parezca, hay quienes lo han hecho. Platicaré sobre David Brown, un corredor invidente.
Brown nació el 19 de octubre de 1992 en Kansas City, Misuri, Estados Unidos. A la edad de 15 meses, fue diagnosticado con la enfermedad de Kawasaki, lo que lo llevó a desarrollar glaucoma infantil.
A pesar de múltiples cirugías, perdió completamente la vista a los 13 años. Con todo, David mostró una gran pasión por el deporte desde una edad temprana. Brown comenzó a practicar el atletismo en la escuela secundaria y pronto se destacó en las pruebas de velocidad.
Se unió al programa de la Federación Nacional de Atletas Ciegos y con Discapacidades Visuales de Estados Unidos. Más tarde, compitió en sus primeros Juegos Paralímpicos en Londres 2012, participando en las pruebas de 100 y 200 metros T11 (categoría para atletas completamente ciegos).
En el Campeonato Mundial de Atletismo Paralímpico 2013 ganó su primera medalla de oro en los 200 metros T11 y una medalla de bronce en los 100 metros T11.
En los Juegos Paralímpicos de Río 2016, David se convirtió en el hombre más rápido del mundo en la categoría T11 al ganar la medalla de oro en los 100 metros con un tiempo de 10.99 segundos, siendo el primer corredor ciego en romper la barrera de los 11 segundos.
En el Campeonato Mundial de Atletismo Paralímpico 2017, David ganó el oro en los 100 metros T11 y una medalla de plata en los 200 metros T11. En 2019 defendió con éxito su título en los 100 metros T11, consolidando su posición como el hombre más rápido del mundo en su categoría.
Aunque hay mucho que reconocerle a Brown como corredor, para competir en las pruebas de velocidad, él corre con un guía, Jerome Avery, quien es crucial en sus entrenamientos y competencias.
Juntos, forman un equipo excepcional que ha logrado sincronizar sus movimientos a la perfección. Todos tenemos puntos ciegos. Es decir, hay cosas que no vemos porque nuestra mirada pudiera estar enfocada en otra cosa.
Con frecuencia, eso que no vemos venir nos golpea y nos hiere. Esos choques o caídas pueden significar una total desgracia para nuestra vida.
Qué alivio es saber que el ángel del Señor está a nuestro lado y nos guía con seguridad. Su sincronización es asombrosa.


