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El mirador mundial

NUESTRO SUMO SACERDOTE […] ENFRENTÓ TODAS […] LAS PRUEBAS QUE ENFRENTAMOS NOSOTROS, SIN EMBARGO, ÉL NUNCA PECÓ.

HEBREOS 4:15

La última de las tres tentaciones que Satanás lanzó sobre Cristo, después de cuarenta días de ayuno, es la que más me llama la atención. El Salvador fue llevado a la cima de una montaña, y el enemigo desplegó ante sus ojos el poder, el encanto y la fama de todo lo que llamamos «mundo».

Con una osadía impresionante, su petición final fue: «Te daré todo esto si te arrodillas y me adoras». Hay un lugar en el planeta cuya formación rocosa me recuerda este momento.

Ayer conocimos el púlpito más grande de la Tierra, en Noruega, y hoy seguimos explorando este país inigualable. ¿Vamos a Trolltunga? El nombre es extraño -significa «lengua de troll»-, pero vale la pena viajar hasta el pueblo de Odda (¡me encantó este nombre!) para conocer este lugar.

A 17 kilómetros de la localidad, una roca horizontal se proyecta al vacío, suspendida en el aire a 700 metros sobre un lago deslumbrante. Son más de 250 pisos de caída libre, rodeados de otras rocas, vegetación de película y cañones naturales.

Sentarse en la «punta de la lengua», con los pies colgando sobre el abismo, es solo para aquellos que desafían las alturas, pues no hay ninguna protección. Otra formación rocosa a-lu-ci-nan-te es Kjerag (¡qué nombres, eh!).

Imagina una canica de vidrio atrapada entre una puerta y el marco de esa puerta. Ahora, imagina una esfera de piedra de 5 metros de diámetro literalmente encajada entre dos inmensos acantilados.

¡Eso es! Estás en un lugar surrealista. Toneladas de roca descansan en medio de dos paredones de piedra de casi mil metros de altura. ¿Puedes creer que el desafío de los más valientes es pararse sobre ella con los brazos abiertos? ¡Guau!

Solo de escribirlo, me estremezco. La verdad es que ambos lugares tienen vistas incomparables. Decir que son lugares lindos es poco. «Espléndidamente exuberante» quizá se acerque un poco más.

Después de todo, no hay nada que se les compare. Ahora bien, aunque Cristo hubiera sido llevado hasta allí por Satanás para ser tentado, jamás habría renunciado al plan de redención ante ese chantaje barato del diablo.

Él rechazó ese espejismo, fue a la cruz y salvó a la humanidad. El «no» de Jesús fue el «sí» para nuestra eternidad. Vivamos este día agradecidos por eso. La victoria del Señor nos permite nuestro ascenso al cielo.

Y desde allí contemplaremos, para siempre, paisajes millones de veces más bellos que los de Noruega. ¿Estás preparado?