No pondré ante mis ojos cosa injusta.
Salmo 101:3
Diariamente, nuestros ojos son invadidos por millones de píxeles que hiperestimulan nuestra mente con todo tipo de colores y formas. Cada dos minutos, la humanidad toma más fotos que todos los clics del siglo XIX.
Carteles, revistas, sitios web, pancartas… todos estos artificios sirven de plataforma para agudizar la imaginación de una sociedad que descubrió hace mucho tiempo que «una imagen vale más que mil palabras».
De los cinco sentidos, creo que la vista es el más valorado. Estamos «perdidamente ciegos» por lo que vemos. Si tuviéramos que elegir uno de los sentidos para perder, sin duda la vista sería la última opción.
Somos muy de «ver para comprar», «ver para aceptar» e incluso «ver para creer». Los medios de comunicación lo saben, y hacen todo lo posible para apresarnos con los encantos de la belleza y la emoción.
En esta dictadura de la imagen, pasamos, en promedio, nueve horas al día conectados a las pantallas. En el Sermón del Monte, Jesús afirmó que los ojos son la lámpara del cuerpo; son las principales avenidas del alma que alimentan la mente y el corazón.
«Si tus ojos son buenos, todo tu ser disfrutará de la luz» (Mat. 6:22, NVI), dijo Jesús. ¿Qué tipo de imágenes estás viendo? Tu cuerpo ¿está en tinieblas o iluminado por las cosas que contemplas?
Elena de White escribió lo siguiente: «Hay una ley de la naturaleza intelectual y espiritual según la cual modificamos nuestro ser mediante la contemplación. La inteligencia se adapta gradualmente a los asuntos en que se ocupa.
Se asimila lo que se acostumbra a amar y a reverenciar» (Mente, carácter y personalidad, t. 1, p. 329). A lo largo de este día, no permitas que tus ojos contemplen cosas malas. Coloca filtros en Internet y en tu mente. Escenas inmorales, indecentes, violentas y que se burlan de Dios no deben atravesar tu córnea.
Si aparece una noticia con las palabras «imágenes fuertes», sé fuerte para no verlas. Recuerda que la mente no tiene desagüe. Todo lo que pongas allí permanecerá. Elige hoy ver cosas verdaderas, nobles, correctas, puras, amables, de buena fama y dignas de alabanza (Fil. 4:8). Estas moldearán tu carácter e iluminarán tu vida.


