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Oraciones descorteses

Devocional adventista para la mujer 2022

¿Se ha olvidado Dios de ser bondadoso? ¿Habrá cerrado de un portazo la entrada a su compasión?

Salmos 77: 9, NTV

Hay porciones de la Biblia de las que muy pocas veces hablamos. Hay versículos que no vamos a imprimir en señaladores, ni a estampar en camisetas, porque nos parecen descorteses. Sin embargo, ¡forman parte del canon bíblico! Aunque nos incomoden, las lamentaciones son oraciones necesarias para mantener una fe viva y honesta.

En su libro A Praying Life [Una vida de oración], Paul Miller explica la importancia del lamento: “Creemos que los lamentos son irrespetuosos. Dios dice lo contrario. Lamentarse demuestra que tienes una relación con Dios, una fe vibrante y activa. Vivimos en un mundo hecho pedazos. Si los trozos de nuestro mundo no te rompen el corazón y no estás enfrentando a Dios al respecto, entonces… has tirado la toalla”.

La Biblia tiene muchos lamentos. Los Salmos están repletos de estas oraciones “descorteses”, y aun entre los profetas hay numerosos ejemplos. Nadie consideró al profeta Jeremías o al profeta Habacuc menos espirituales por sus oraciones de lamento. De hecho, pendiendo de la cruz, también Jesús oró con desgarradora honestidad: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Mat. 27:46, NTV).

No sé cómo llegamos a pensar que honraremos a Dios al ocultar nuestros verdaderos sentimientos y al usar solo palabras “bonitas” en nuestras oraciones. Cuando la vida nos golpea con injusticias y tragedias, sentimos una especie de presión por defender la reputación de Dios y sepultar nuestras preguntas. Nuestro corazón quiere gritar: “Dios, ¿dónde estás?», pero como nos enseñaron que hablar así es pecado, perdemos nuestra voz y nuestra fe.

«Si no lamentas las partes rotas del mundo, entonces tu corazón se apaga», escribe Miller. “Tu relación vital con Dios muere lentamente […]. Silenciosamente, te vuelves cínico. El cinismo te aleja de Dios; los lamentos te empujan a su presencia. Entonces, por extraño que parezca, no lamentarse conduce a la incredulidad». La fe usa el lamento para crecer. Las oraciones «descorteses” mantienen el canal de comunicación abierto y nuestra relación con Dios viva y auténtica.

Señor, quiero que mis oraciones tengan autenticidad emocional. Enséñame a lamentarme como David, en el Salmo 13. Su valentía y honestidad le permitieron procesar sus emociones. Necesito vulnerabilidad emocional para tener una relación más honesta contigo. Gracias porque te interesan todas mis emociones, no solo las «bonitas”. Amén.

Vanesa Pizzuto es licenciada en Comunicación Social por la Universidad de La Matanza, Argentina, y tiene un máster en Educación por la Universidad de Hertfordshire, Inglaterra. Es la autora de la serie de cuentos bilingües Amancay, publicada por este mismo sello editorial, así como de numerosos artículos. Trabajó como docente y como presentadora de radio para Radio Adventista de Londres. De nacionalidad argentina, Vanesa vive en Inglaterra.