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Vive siempre para interceder por ellos

Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos.

Hebreos 7: 25

Muchas personas en el mundo quieren tener la seguridad de la salvación, de no morir para siempre. De hecho, eso llevó a muchos teólogos católicos como Agustín a encarnar dentro de la teología de la Iglesia filosofías griegas.

Los griegos consideran el cuerpo como una prisión del espíritu, de manera que cuando el cuerpo muere el alma queda liberada. Así, al morir, una persona se va al cielo si su alma fue buena, lo que da la sensación de que no ha muerto, sino que está mirando y cuidando a los demás desde allí. Por supuesto, esto no enseña la Biblia.

La Palabra de Dios dice que cuando una persona muere no sabe nada; es como entrar en un sueño inconsciente. Tal persona resucitará solo hasta la segunda venida del señor Jesús a esta tierra.

El momento de hacer los arreglos para estar seguro de la salvación es en vida, porque después de la muerte nada se puede hacer ni por uno mismo ni por ningún ser humano, santo, muerto o vivo; nadie puede interceder por nadie.

La Escritura enseña también que existe un intercesor que puede salvarte, un intercesor vivo, pues resucitó de entre los muertos y ahora se encuentra en el santuario celestial para interceder por sus hijos. Este intercesor es Cristo Jesús.

No hay otro camino y no existe otro intercesor. Pablo, Pedro, María, José y cualquier otro discípulo fueron buenos, pero incapaces de interceder por algún ser humano. La salvación de la raza humana solo es a través del hijo de Dios, quien vive siempre para interceder por ella.

Lo lindo de esto es que no tienes. que convencer a Jesús de que eres bueno porque ya sabe que no lo eres. No te salva por bueno, sino porque te ama. Murió por ti en la cruz del calvario no para demostrar cuánto te ama, sino para que te dieras cuenta de que te ha amado desde el principio.

Vino a buscar y a salvar lo que se había perdido. No se va a asustar por cuán oscura y mala sea tu vida porque es capaz de perdonar tus pecados. Donde quiera que estés, no resistas más a tu Salvador.

Quizá has luchado, huido y despreciado su deseo de salvarte. Quizá evites encontrarte con Jesús o tal vez hasta te avergüences de él, pero no tienes otra oportunidad fuera de Jesús. Por tanto, el Señor te invita hoy a que lo aceptes como tu salvador; no te fuerza, es voluntario.

¿Quieres aceptarlo como tu intercesor? Ven ahora y acéptalo, porque todo es por su gracia.